No son los viajeros, es la vacuna… estúpido

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Es evidente que la variante Delta ya tuvo en la Argentina sus primeras víctimas, el transporte aéreo, y sus primeros responsables: los que se atrevieron a viajar, aunque a la larga resulten de los pocos correctamente vacunados.

Es evidente que la medida que desembocó en la Decisión Administrativa 643, que restringe entre el 27 de junio y el 9 de julio el reingreso de argentinos y residentes que están en el exterior – hace rato que no se permite el ingreso de extranjeros – responde a que ni la gente ni las autoridades nacionales confían en el plan de vacunación implementado hasta el momento en el país. Donde al margen de la efectividad de los productos disponibles,  solo un 8,8% tiene la vacuna completa y un 36.03% apenas está a mitad de camino, sin garantías de cuándo y con qué podrá completar su inmunidad.

Más aún cuando la agresiva variante Delta, originaria de la India, se expande por el mundo y muestra ser más contagiosa.

El problema, eminentemente sanitario y por ende a cargo de quienes deben gestionar (y conseguir) las vacunas, terminó por convertirse, no por casualidad, en una crisis para el sector aéreo ya de por sí sumamente golpeado, cuyos responsables políticos salieron a dar explicaciones, muchas veces no muy consistentes, obviando haber transformado la medida en una crisis humanitaria para los miles ¿17.000? ¿40.000? de argentinos que no pueden regresar a su país. Es cierto que estaban advertidos – y hasta dieron su consentimiento – sobre que esta vez no habría ayuda si se cerraban las fronteras, pero el problema es por qué se les cierran la fronteras.

Lo cómico, si no fuera dramático, es que la mayoría de los que están afuera y pugnan por volver viajaron a vacunarse (aunque ese casillero no exista para Migración ni para la Visa de Estados Unidos por lo que todos son “turistas”) y ahora están inmunizados, a diferencia de los locales que viven en un país al que la agencia de noticias Bloomberg acaba de catalogar como “el de peor manejo de la pandemia”.

 También cupos para volar

La Decisión Administrativa 643, que lleva la firma del Jefe de Gabinete, dispone que solo podrán ingresar por Ezeiza 600 pasajeros por día – hasta ahora eran 2.000- para permitir un mejor control sanitario y reducir el probable ingreso del virus, aunque obviamente no elimina el riesgo total.

La responsabilidad de administrar los cupos de quienes entran o no entran en el país pasó a ser responsabilidad de la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC), que depende del Ministerio de Transporte, autoridad que en el tema aéreo hace rato está desaparecido.

Distribuir en forma pareja una reducción de la oferta del 70% de los vuelos ya comercializados no era una tarea fácil. Se habló de “negociación” entre la ANAC y las empresas, pero termino siendo para muchas empresas “imposición”.  Si hasta Aerolíneas Argentinas, para quien IATA le había dedicado un párrafo sin nombrarla al reclamar “transparencia y equidad”, debió resignar 59 de 91 vuelos programados hasta el 11 de junio. 600 pasajeros por día equivalen a dos aviones de fuselaje ancho o tres  de un pasillo. Como dijo el gerente de una aerolínea europea a la que le propusieron venir con asientos vacíos, como si no se afectara la rentabilidad del vuelo: “Un avión no es como un tren al que se le quitan o agregan vagones”

Un detalle que no se tuvo en cuenta es que los aviones además de pasajeros traen carga, muchas veces crítica, en sus bodegas. ¿Lo tuvo en cuenta la ANAC?

Si bien la cancelación del 70% de los vuelos programados, por lo tanto comercializados, es un duro golpe para quienes tenían previsto salir del país (servicios contratados que en muchos casos no son recuperables), peor es la situación para quienes ya tenían fecha confirmada para el regreso. En algunos casos, y con suerte, deberán esperar 15 días…siempre y cuando las restricciones se levanten el 9 de julio, algo que ninguna autoridad se anima a confirmar.

No es la única duda. ¿Por qué 600 y no 500, 1.000 o cero? ¿La medida es legal o una catarata de juicios caerá sobre el gobierno que se pagarán con fondos públicos? ¿No era más efectivo endurecer los controles y hacer estricta la cuarentena al llegar al país?  ¿O no confían, pese a que ahora hay una empresa de prestigio haciendo testeos en Ezeiza y Aeroparque en lugar de dos ignotas monotributistas?  ¿Qué pasa con el resto de los pasos fronterizos? ¿O el virus solo viaja en avión? ¿De quién es la responsabilidad, como dijo la directora de Migraciones, Florencia Carignano, que hubiera “groseros incumplimientos de la cuarentena?”

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