La iniciativa fue propuesta por el Grupo de Trabajo sobre Impuestos Solidarios Globales (GSLTF) y consiste en imponer un nuevo impuesto global, a los tickets de las clases nobles, para financiar acciones contra el cambio climático. IATA salió al cruce de la propuesta y la rechazó. Para la entidad la propuesta “carece de un análisis riguroso de impacto y se basa en estimaciones desproporcionadas, como la proyección de que el impuesto podría recaudar € 78.000 millones de euros anuales, una cifra que triplica los beneficios netos estimados para la industria aérea en 2024, que serían de US$ 32.400 millones”. “La aviación ya enfrenta importantes compromisos ambientales, como alcanzar emisiones netas cero para 2050, objetivo que requerirá una inversión acumulada de US$ 4.700 millones en ese período”, afirmó IATA, y prosiguió: “Un nuevo gravamen, advierten, limitaría la capacidad de financiar esa transición. Además, ya existe un mecanismo internacional para gestionar las emisiones del sector: CORSIA, acordado en la OACI. Un nuevo impuesto socavaría este sistema y fragmentaría la regulación”.

“Gravar el segmento premium, clave para la rentabilidad de muchas rutas, podría afectar la conectividad global y encarecer los costos de los vuelos y del transporte aéreo de mercancías”, insistió IATA. “La industria no rehúye su responsabilidad climática. Está haciendo todo lo posible para alcanzar las emisiones netas cero. Lo último que necesita este esfuerzo es un golpe fiscal de US$ 90.000 millones”, comentó Willie Walsh, director general y CEO de la IATA. Finalmente, la Asociación recordó los resultados de una encuesta global que encargó a la consultora Savanta y donde, entre otras respuestas, los pasajeros consultados afirmaron que un 79% cree que ya hay demasiados impuestos sobre los vuelos, un 78% considera que gravar no es la forma adecuada de hacer sostenible el sector, un 74% desconfía de que los gobiernos utilicen bien esos fondos y apenas el 9% apoya los impuestos como medida de compensación.
