Stuart Fox director de Operaciones Técnicas y de Vuelo de la IATA, sostiene que la reciente presión sobre el suministro mundial de combustible de aviación debido a la guerra en Medio Oriente ha puesto el foco en algo en lo que la mayoría de los pasajeros nunca piensa: el combustible de los aviones. “Si el conflicto continúa, no pasará mucho tiempo antes de que veamos escasez de combustible en algunas partes del mundo. La flexibilidad podría ayudar a la industria a aprovechar mejor el combustible disponible y permitir que las aerolíneas mantengan sus itinerarios intactos”, dijo Fox. “La aviación comercial depende principalmente de dos tipos de combustible: Jet A-1, el estándar global utilizado en la mayoría de las operaciones internacionales, y Jet A, usado principalmente en Norteamérica. Ambos están aprobados y son aptos para su uso cuando se gestionan correctamente. Son muy similares, aunque no idénticos. La principal diferencia operativa es su punto de congelación. El Jet A-1 tiene un punto máximo de congelación más bajo (-47 °C) que el Jet A (-40 °C), lo que brinda a las aeronaves que utilizan Jet A-1 una mayor flexibilidad en rutas de larga distancia y polares. Es una diferencia que la industria ya sabe gestionar eficazmente. Las aerolíneas en Norteamérica utilizan Jet A todos los días, apoyándose en procedimientos establecidos y, cuando es necesario, en aditivos para garantizar un funcionamiento seguro en condiciones más frías. Así es como las aerolíneas prestan servicio a comunidades como Fairbanks, donde las temperaturas pueden alcanzar regularmente los -30 °C en tierra y descender por debajo de los -50 °C a altitud de crucero. Las aerolíneas también mitigan los riesgos de las bajas temperaturas exteriores mediante una cuidadosa planificación de vuelo y monitoreo continuo para asegurar que las aeronaves operen dentro de los límites certificados”, insistió Fox. Para apoyar esa flexibilidad, tanto la IATA como la Agencia de la Unión Europea para la Seguridad Aérea (EASA) han emitido directrices sobre cómo podría utilizarse Jet A en mercados que tradicionalmente emplean Jet A-1. Esto podría ofrecer más opciones a las aerolíneas que enfrenten una posible escasez de suministro de combustible. Cuando se aplique, permitirá que las compañías europeas y aerolíneas de otras regiones operen de manera similar a muchas en Canadá, donde alternan entre Jet A y Jet A-1 como parte de sus operaciones estacionales. Esto tendría que hacerse mediante una transición controlada de un tipo de combustible aprobado a otro.
