AEROLÍNEAS ARGENTINAS Y LOS HOTELES DE LA FAMILIA KIRCHNER

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El conflicto desatado por la investigación que lleva adelante el Juez Claudio Bonadío sobre las empresas de la Presidenta de Argentina, Cristina Fernandez de Kirchner y su familia terminaron por involucrar, tangencialmente, a Aerolíneas Argentinas. Es que en uno de los hoteles justamente de los Kirchner en El Calafate pernoctan las tripulaciones de dos vuelos de la aerolínea que administra desde 2008 el Estado, lo que por lo menos suena desprolijo. Son los vuelos AR1892 que conecta diariamente con Ushuaia y el AR1870 que sigue a Trelew. Unas doce singles por noche, todas las noches. El hotel sirve también para alojar a los pasajeros en tránsito cuando un servicio, por algún motivo, se cancela, algo que las malas lenguas del pueblo afirman que ocurre con llamativa frecuencia en el tramo que une la ciudad santacruceña con Ushuaia. Difícil confirmarlo sin mirar los registros. La elección de un hotel en El Calafate para las tripulaciones de Aerolíneas -posta que siempre llamó la atención- forma parte en los últimos años de la comidilla de la villa turística, en especial en el sector hotelero. Se suma a las dudas que genera que un pasaje a Calafate cueste menos nominalmente que uno a Bariloche, ambas ciudades turísticas patagónicas, siendo que es casi la mitad del recorrido (el yield a Calafate en agosto sobre la tarifa de referencia era U$S 0,060 mientras que a Bariloche ascendía a U$S 0,106) o que la lista de hoteles en los productos que ofrece Aerolíneas Vacaciones los encabecen los establecimientos de la familia Kirchner. Un conocido empresario de la región cuenta que hasta hace algunos años, Aerolíneas solía hacer anualmente una compulsa de precios para alojar a sus tripulaciones, aunque siempre terminaban optando por el Alto Calafate. Salvo un año, en que un conocido hotel-spa ubicado a orillas del Lago Argentino, cotizó un muy buen precio y se llevó las tripulaciones. Pero la alegría duró poco. A las 36 horas alguien llamó “a quien tenía que llamar” y los tripulantes volvieron raudamente al hotel de siempre. El dueño del establecimiento ganador se agarró una bronca bárbara –recuerdan- pero optó por no discutir con el “poder”. Desde entonces nadie los mueve del Alto Calafate.

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