Cada 2 a 6 meses, un avión comercial pasa por un lavado completo que puede requerir hasta 11.000 litros de agua y varias horas de trabajo. En climas extremos o rutas con alta contaminación, esa frecuencia se acorta a un mes. Sin embargo, hay un área que suele pasarse por alto, pese a ser la que más suciedad acumula: el belly (panza) del avión.
No se trata solo de estética. Según explica Veronika Andrianovaite, CCO de Nordic Dino Robotics, la suciedad en esa zona es una mezcla de fluidos hidráulicos, aceites de motor, residuos de pista y contaminantes atmosféricos que suman peso, afectan la eficiencia de combustible y pueden ocultar zonas críticas de inspección.
Un cóctel de contaminantes
El belly se ensucia por múltiples factores: fugas de fluidos hidráulicos que se convierten en una película pegajosa, restos de combustión que el flujo de aire deposita en el fuselaje inferior, partículas de caucho y asfalto lanzadas por los neumáticos en despegues y aterrizajes, además de contaminantes industriales y cenizas volcánicas en ciertas rutas. Con los ciclos de temperatura en vuelo, estas capas se “hornean” sobre el aluminio, volviéndose cada vez más difíciles de remover.
Impacto en costos y seguridad
El peso extra no es menor: estudios muestran que la acumulación de insectos por sí sola puede aumentar el consumo de combustible entre 1,1% y 4,4%. En una comparación real entre dos B747 en la ruta Ámsterdam–Nueva York, el avión recientemente lavado consumió media tonelada menos de combustible que su par sucio.
A esto se suma el riesgo de corrosión oculta. Los depósitos pueden tapar válvulas, sensores y uniones estructurales, dificultando la detección de fisuras o fugas.
Robótica para una limpieza total
Limpiar el belly presenta un reto adicional: la compleja geometría de las bahías de tren de aterrizaje y las diferencias de altura entre narrow y wide-bodies. Allí entran en juego sistemas robóticos como los de Nordic Dino, que gracias a brazos articulados y cepillos rotativos aplican agua y detergente en ángulos imposibles de alcanzar manualmente.
El resultado: menor consumo de combustible, menos riesgos de corrosión y aviones más seguros y eficientes.
