México: El largo camino a la Categoría 1

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Columna de Rosario Avilés, para nuestro medio asociado A21 

Como dice el dicho: “No hay mal que por bien no venga”. Con la resolución de la Administración Federal de los Estados Unidos (FAA) de ubicar a México en Categoría 2, debido a las insuficiencias de la autoridad aeronáutica para realizar la adecuada supervisión del cumplimiento de los anexos 1, 6 y 8 de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI). Es decir, cuestiones relacionadas con las licencias del personal técnico aeronáutico, operaciones de aeronaves y aeronavegabilidad, entramos en una crisis que, vista como oportunidad, podría resultar beneficiosa.

Y es que, si bien el país como un todo y las aerolíneas mexicanas en lo particular, han perdido miles de millones de pesos por la imposibilidad de aumentar sus rutas, frecuencias y flotas en vuelos a los Estados Unidos -y eso en plena recuperación después de la caída por la pandemia-, nuestra autoridad aeronáutica requería de una sacudida monumental para poder ajustarse a lo que, en principio, debería ser la regla, puesto que el Convenio de Chicago, que da lugar a OACI y sus anexos están firmados y aprobados por nuestro país.

En muchos países en el mundo (en eso hay que aceptar que México no es la excepción), dichos anexos no se cumplen a cabalidad, a veces por falta de recursos y a veces por falta de voluntad política (o por ambas). Pero, lo que es un hecho, es que cuando un Estado se ve impedido de poner en práctica un anexo de OACI aunque puede hacerlo, debe manifestarlo explícitamente, lo que no es el caso.

Por otro lado, la FAA audita a los países cuyos operadores aéreos vuelan a Estados Unidos bajo las reglas de OACI, que son norma general en la industria aérea global. Y lo hace por razones de seguridad. Un país que no desee ajustarse a ello o que rechace la auditoría de la FAA está en su derecho, pero entonces sus aerolíneas no volarán a los Estados Unidos.

En realidad, México tiene mucho que cambiar para ajustarse a las normas OACI (no sólo a los tres anexos mencionados, sino a la totalidad de los 19 anexos, cuya auditoría que realiza la propia oficina de OACI está pendiente). Y para ello, la nueva Agencia Federal de Aviación Civil mexicana (que sustituyó a la antigua Dirección General de Aeronáutica Civil) necesita no sólo muchos recursos económicos sino mucha voluntad política para reestructurar sus áreas operativas y normativas, ajustar las normas y regulaciones desde la Ley de Aviación Civil hasta Normas Oficiales Mexicanas y para reclutar y capacitar a su personal de inspección a nivel nacional.

Por lo pronto, Martha León salió de la dirección del CIAAC al área de Recursos Humanos, para hacerse cargo del reclutamiento de personal apegado a los requerimientos OACI.

Sin duda, falta mucho por hacer y México requiere con urgencia este camino. Lo ideal sería que todos los cambios se hicieran con el consenso de todos los actores, porque esta también es una práctica generalizada en el mundo. Esperemos que así sea.

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