En bondi a Palestina

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Al visitar Israel y Palestina es extensa la cantidad de lugares, excursiones y visitas que se pueden realizar, y que seguramente lo van a dejar con las ganas de seguir conociendo. Y es que hay lugares de importancia histórica, que van desde la antigüedad y hasta el presente. También hay lugares naturales como el desierto, el Mar Muerto y las costas del Mediterráneo. Pero hay algo que se cruza con todo lo anterior que es los sitios de importancia religiosa, de los cuales también hay muchos. Y es que a cada paso, sea uno o no religioso, encontrará nombre de lugares que ha escuchado infinidad de veces, como el Mar de Galilea, el Huerto de Getsemaní, el Monte de los Olivos, Nazaret, Belen… uno termina creyéndose que es un Ned Flanders.

También son visibles a casa paso los conflictos aun no resueltos entre Israel y Palestina, los cuales se ven en los controles de seguridad, en la diferencia entre la población, las edificaciones y el ambiente de cada lado. Y dado que seguramente como turista se alojará en una Jerusalén bajo control de las fuerzas armadas israelíes quienes brindan seguridad, y dado también que la mayoría de las excursiones están organizadas por empresas también israelíes, uno empieza a plantearse conocer otras cosas, desde otras miradas que amplíen la visión del viajero.

Es entonces que desde Jerusalén se puede ir a conocer la ciudad de Belén -que los locales llaman Betlehem-, el cual indica la tradición es el lugar de nacimiento de Jesús, y que está bajo control de la Autoridad Palestina. Si bien se puede ir con guía, en algunas de las empresas que ofrecen esta alternativa, es interesante moverse con los locales. Es entonces que nosotros nos decidimos a aventurarnos a tomarnos el colectivo 21, el cual tiene su cabecera frente a una de las 7 puertas de la cuidad antigua, la Puerta de Damasco, en donde es muy fácil encontrar este trasporte. Los viajes, en el que se trasladan locales y turistas de todo el mundo, salen regularmente y dura menos de una hora costando unos pocos Shekels (muchísimos menos que una excursión tradicional).

El viaje es una experiencia en sí, en donde es imprescindible llevar pasaporte para el control obligatorio del puesto de control con militares israelíes fuertemente armados. A la ida casi no nos demoraron, pero en el viaje de regreso hicieron bajar a todos los locales para una revisión exhaustiva, quedando los turistas con pasaporte en mano sentados en el bus. Si bien el trato siempre se vio correcto, es palpable la tensión en el ambiente, así como lo reflejan las caras de los turistas. El viaje permite ver los famosos asentamientos israelíes que contrastan con las viviendas palestinas, así como también se circula a la par del famoso Muro de la Vergüenza.

Una vez en Belén, Cisjordania, el colectivo nos deja en la otra cabecera, por lo que no hay riesgo de pasarse de parada, que al estar en un lugar común de una avenida comercial, nos deja ver un ambiente mucho más parecido al de países árabes. Para llegar a los sitios históricos deberá tomar la calle que sale a su izquierda, y que toman todos los turistas, y subir la colina por 11 cuadras entre negocios que venden infinidad de productos para los locales y para turistas. Una vez en la plaza de la cima de la colina, encontrará una oficina de turismo y una mezquita muy interesante. Pero a 50 metros nos encontramos con la gran Basílica de la Natividad del siglo IV, la cual resguarda bajo su altar, los restos del pesebre donde nació Jesús. La entrada es gratuita, y se ingresa por una pequeña puerta que obliga a agachar la cabeza como símbolo de reverencia ante este lugar sagrado, pero también se dice que era para que los cruzados no entren montados a caballo…

Ármese de paciencia, ya que son muchos los turistas, y poco el espacio para ver y tocar el lugar preciso del nacimiento. No deje de admirar a la propia basílica con toda su historia y sus mosaicos bizantinos recién restaurados en el piso, así como la convivencia de distintos monjes (católicos, ortodoxos, coptos, etc.) que resguardan este lugar sagrado.

Por último, antes de iniciar el regreso, no se olvide de recorrer la plaza para aportar a la economía de esta parte del mundo comprando algún recuerdo y comiendo en los muchos lugares que hay en los alrededores. Si aún tiene tiempo, y las condiciones de seguridad son adecuadas, puede hacer los 31 km restantes hasta llegar a la ciudad de Hebrón para seguir conociendo esta parte del mundo e intentar entender los conflictos de esta Tierra Santa.

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