Detalles del estudio de Harvard sobre la seguridad sanitaria de los viajes aéreos

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Investigadores de la Escuela de Salud Pública T.H. Chan de la Universidad de Harvard en Estados Unidos confirmaron que las estrategias de mitigación de riesgos que han sido puestas en práctica por las aerolíneas y aeropuertos efectivamente reducen el riesgo de transmisión del COVID-19 en una aeronave a niveles muy bajos, lo que garantiza que los viajes aéreos en la actualidad sean tan seguros o incluso más seguros que otras actividades rutinarias (por ejemplo, ir a un supermercado).

Los estudios realizados por los académicos, que abarcaron el viaje de un pasajero “desde la puerta de embarque hasta su destino”, concluyeron también que el uso de máscaras por parte de los pasajeros y las tripulaciones, en combinación con los estrictos protocolos de limpieza de las aerolíneas y los avanzados sistemas de ventilación y filtración de las aeronaves (Filtros HEPA), ofrecen “una protección significativa contra el COVID-19 durante los viajes aéreos”.

Estas investigaciones se enmarcan en la incansable colaboración que han realizado los principales actores de esta industria -fabricantes, aerolíneas, aeropuertos y empresas relacionadas- para encontrar la fórmula que asegure un viaje sin riesgos de ningún tipo y que evite la transmisión de cualquier enfermedad dentro de la cabina, en el contexto de la peor crisis que ha vivido la industria de la aviación mundial a causa de la pandemia y que obligó a las distintas compañías que la desarrollan a llevar sus actividades prácticamente al mínimo durante meses.

Así, se concluye que la estrategia más efectiva no es incorporar una sola solución, si no la combinación y aplicación de varias medidas de protección de contagios, al mismo tiempo que se corroboraron los resultados de los estudios de simulación sobre el flujo de aire en la cabina realizados por Airbus, así como también los presentados por otros fabricantes, por el Departamento de Defensa de los Estados Unidos (TRANSCOM) y por la comunidad científica en general, determinando que “este nivel de ventilación en la cabina contrarresta eficazmente la proximidad a la que los viajeros están sujetos durante los vuelos”. Es decir, no habría necesidad de dejar un asiento libre entre pasajeros, lo que vienen a desmentir una suposición común pero infundada.

Para organismos como la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA), estas conclusiones reiteran lo que ya habían anunciado, en cuanto a que “los datos nos dicen que el riesgo de transmisión del virus a bordo es bajo comparado con otros ambientes públicos interiores”. Mientras que para el director del proyecto Keep Trust In Air Travel, Bruno Fargeon, se reafirma la convicción de que, “en la actualidad, para que un viaje sea totalmente seguro es necesario que todos los actores que participan en el proceso tomen conciencia de las medidas o pasos preventivos; ya sea la compañía aérea, pilotos y la tripulación, hasta los miembros de la comunidad aeroportuaria y los mismos pasajeros, medidas que van desde el uso de máscaras y el lavado de manos, hasta asegurar la desinfección de los espacios públicos y la limpieza del aire a bordo de un avión”.

¿Cómo se ha adaptado el transporte aéreo al COVID-19?

Las barreras de protección contra la transmisión del virus en los aviones incluyen:

  • Sistemas de ventilación a bordo de las aeronaves que circulan continuamente y refrescan el suministro de aire (Filtros HEPA).
  • Uso universal de máscaras faciales por parte de los pasajeros, tripulación y trabajadores aeroportuarios.
  • Protocolos de distanciamiento durante el embarque y desembarque.
  • Desinfección de superficies de aeronaves de alto toque para eliminar la contaminación.

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