Cielos cerrados: ¿Cuidando la salud de los argentinos o cuidando los dólares que el gobierno no tiene?

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Está claro a esta altura que, salvo algún que otro vuelo especial, el reinicio de la aviación en la Argentina todavía es una incógnita. Hay quienes sostienen, inclusive dentro del Gobierno, que hasta fin de año (más exactamente mediados de diciembre) es difícil que vuelvan los vuelos regulares al país.

El ministro de Transporte, Mario Meoni, habló, como si a él le fuera ajeno el tema, de 60 días o más. Esta semana, un periodista deportivo, preocupado por el reinicio de la Primera Nacional, le consultó en off a un funcionario de Aerolíneas sobre cuándo podría haber vuelos de cabotaje y la respuesta fue: “olvídate, hasta mediados de noviembre no creo que vuelvan los vuelos”. La titular de la ANAC, Paola Tamburelli, fue, si bien no precisa, por lo menos si sincera: “Para nosotros septiembre, agosto, noviembre o diciembre es lo mismo; todo depende de cuando la situación sanitaria permita disminuir las restricciones y de que el Presidente modifique el decreto que estableció la suspensión de vuelos”.

Es probable, en este camino, que además de festejar el record mundial por la cuarentena más larga del mundo (161 días hasta este jueves) tengamos chances también de batir el record mundial de país sin aviación comercial.  Hasta ahora todas las miradas apuntaban hacia el ministro de Salud, como quien tenía en su poder el botón celeste que permitía abrir los cielos. Pero en las últimas semanas, las miradas comenzaron a posarse en el ministro de Economía o, eventualmente, el Presidente del Banco Central. Una de las teorías sobre la prolongada cuarentena aérea estaría enfocada es que las pérdidas de Aerolíneas Argentinas, gracias al parate, serían mucho menor que si hubiera continuado volado.  Confirmaría aquella premisa, ahora demostrada, que cuanto más vuela más pierde. No obstante, el ahorro de estos cinco meses sin operaciones regulares no alcanzó para evitar que a esta altura la “empresa de bandera” haya recibido del Tesoro transferencias superiores a los U$S 650 millones, lo que suponer que para fin de año estarán en los mil millones tal como estaba previsto.

La otra teoría, que no necesariamente reemplaza la anterior, sino que hasta se complementan, es que con las fronteras cerradas lo que se busca, responsabilizando a la pandemia, es que los argentinos no puedan salir al exterior y gasten dólares, insumo que, según el propio Banco Central, escasea.

Son teorías, difíciles de confirmar salvo por infidencias, que se podrían neutralizar fijando una fecha para el reinició de los vuelos, tanto de cabotaje como internacionales, que podrían no estar sujetos a una fecha en el calendario, sino asociados a un nivel de evolución de la pandemia.

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