Y UN DÍA AEROLÍNEAS ARGENTINAS VOLVIÓ A SER LA MISMA DE SIEMPRE

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El jueves de la semana pasada, imprevistamente, los pilotos de Aerolíneas Argentinas, acompañados por los de Austral, decidieron un paro que afectó a unos 270 vuelos y dejaron a unos 20.000 desprevenidos pasajeros -ajenos a la discusión- sin posibilidades de viajar. Ni la CGT unificada se atrevió por ahora a tanto. La inactividad duró 18 horas. Reubicar a los pasajeros mucho más. La empresa estimó que la medida de fuerza le provocó un daño económico de U$S 4 millones. Aunque en realidad las pérdidas fueron mucho mayores. Lo que realmente se dilapidó fue la confianza. Aerolíneas vuelve a ser poco confiable para el pasajero. Lejanas resultan ahora las estadísticas de confiabilidad de despacho y puntualidad cómo las de julio, que tan orgullosos mostraron. La presidenta de la compañía, Isela Costantini, definió la medida como “una locura”, admitiendo que “no la esperaba”. Si bien es cierto que gremios y empresa discuten por estos días en paritarias (los pilotos piden un reajuste del 45%), lo habitual es que las mismas se cierren durante septiembre. Nadie descarta tampoco una intencionalidad política y hasta gremial en la medida. Pablo Biró, presidente de la Asociación de Pilotos de Líneas Aéreas (APLA), es el más kirchneristas de los gremialistas aeronáuticos. Hasta ahora estaba acostumbrado a negociar en términos más amigables con Mariano Recalde con quien acordaba un índice de aumento digerible para el gobierno y la opinión pública, y por abajo un plus que obviamente no se publicaba. En los últimos años la empresa perdió, en promedio, unos U$S 500 millones. También hacia adentro del gremio vale el gesto. Biró, que fue reelecto por poco margen hace 18 meses, obtuvo sin embargo menos votos que su contrincante entre sus colegas de Aerolíneas. Ganó por los de afuera. Más extraña es la posición de UALA -un gremio exclusivo de los pilotos de Austral- siguiendo a APLA cuando desde su nacimiento buscó diferenciarse. A tal punto que la tozudez de sus integrantes impidió, pese al intento de todas las administraciones, que ambas empresas se fusionaran. Hoy la diferencia entre ambos gremios quedó reducida a una delgada línea roja en el fuselaje de los Embraer.

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