La retención de ingresos de aerolíneas en mercados internacionales se ha convertido en un problema creciente para la conectividad aérea global y la estabilidad financiera del sector, según advirtió Thomas Reynaert, vicepresidente senior de Asuntos Externos de la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA). El fenómeno, conocido como “fondos bloqueados”, se produce cuando las compañías venden pasajes en moneda local pero no pueden repatriar esos ingresos en dólares debido a restricciones cambiarias o escasez de divisas.
El modelo económico de las aerolíneas explica la gravedad del problema: aunque generan ingresos en múltiples países, gran parte de sus costos —leasing de aeronaves, mantenimiento, combustible o salarios— se pagan en dólares y desde sus bases centrales. Los acuerdos bilaterales de servicios aéreos contemplan que los Estados deben permitir la transferencia de esos fondos, pero en la práctica algunos gobiernos imponen limitaciones que dificultan el acceso a divisas y complican la continuidad operativa.
A octubre de 2025, el monto global de fondos bloqueados alcanzaba unos 1.200 millones de dólares. Más allá del impacto inmediato en el flujo de caja, la demora en la repatriación genera costos adicionales: pérdidas por devaluación de moneda local, gastos financieros por endeudamiento para cubrir operaciones y oportunidades de inversión perdidas. Este conjunto de factores constituye lo que IATA denomina una “prima de riesgo de conectividad”, que puede traducirse en menos frecuencias, tarifas más altas o incluso suspensión de rutas, haciendo que un país resulte menos atractivo para las aerolíneas.
El caso de Nigeria ilustra las consecuencias. En determinado momento, los fondos retenidos allí llegaron a 850 millones de dólares, lo que provocó aumentos extremos en las tarifas y reducciones de operaciones por parte de varias compañías. Situaciones como esta obligan a los gobiernos a equilibrar prioridades económicas: destinar divisas a importaciones esenciales o liberar pagos pendientes a aerolíneas para sostener conectividad, turismo y comercio.
Según IATA, mantener restricciones puede ofrecer alivio a corto plazo, pero a largo plazo erosiona la confianza de inversores y operadores internacionales, afecta la reputación financiera de los países y dificulta la recuperación económica. La aviación, recuerdan, no solo transporta pasajeros: en 2023 el sector sostuvo 86,5 millones de empleos, aportó 4,1 billones de dólares al PIB mundial (3,9% del total) y movilizó mercancías por valor de 8 billones de dólares, equivalentes al 33% del comercio global por valor.
El organismo sostiene que existen soluciones viables si hay voluntad política y diálogo entre gobiernos, bancos centrales y aerolíneas. Entre las medidas propuestas figuran priorizar al sector en la asignación de divisas, simplificar procesos administrativos y garantizar el cumplimiento efectivo de los acuerdos bilaterales. Experiencias recientes muestran que, mediante esquemas de liberación gradual y cooperación institucional, es posible desbloquear fondos sin desestabilizar economías locales.
Para IATA, resolver este desafío no es solo una cuestión financiera. Liberar los ingresos retenidos significa preservar rutas, sostener empleos y asegurar que el transporte aéreo continúe funcionando como motor de desarrollo económico y de integración global.
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