La aviación europea vivió este martes 3 de noviembre una jornada de tensión después de que siete vuelos comerciales recibieran amenazas de bomba en distintos puntos del continente. Los incidentes involucraron a cuatro aerolíneas —Ryanair, Wizz Air, SAS y LOT— y obligaron a activar procedimientos de seguridad, modificar itinerarios y realizar inspecciones de emergencia.
Uno de los episodios involucró a un vuelo de Ryanair que cubría la ruta Manchester-Murcia, que debió aterrizar bajo un operativo especial. También se registraron amenazas en un servicio de la misma compañía entre Dublín y Roma.
La lista de vuelos afectados se completó con dos operaciones de Wizz Air: una entre Bérgamo y Sofía y otra desde Londres Luton hacia Sofía, que terminó desviada a Budapest. A ellos se sumaron un vuelo de SAS entre Copenhague y Varsovia, otro que cubría la ruta Tel Aviv-Sofía y un servicio de la compañía polaca LOT entre Londres Heathrow y Varsovia.
En todos los casos se activaron los protocolos correspondientes y los aviones fueron sometidos a revisiones de seguridad. Ninguna de las inspecciones permitió encontrar explosivos ni elementos sospechosos.
La cantidad de avisos registrados en una misma jornada llamó especialmente la atención de las autoridades y de los especialistas en seguridad aérea. Por sus características y concentración temporal, algunos expertos consideran probable que las amenazas estén relacionadas entre sí y no sean episodios independientes.
El contexto de tensión generado por la guerra de Ucrania, junto con los problemas de comunicaciones y las interferencias registradas en zonas próximas a las fronteras, alimenta las sospechas, pero no constituye una prueba de participación.
La principal incógnita ahora es si lo ocurrido en Europa fue un episodio aislado o el comienzo de una nueva oleada de amenazas contra la aviación comercial.
