El dato proviene del último informe elaborado y presentado por la European Cockpit Association (ECA). En definitiva, casi una cuarta parte de los pilotos de las aerolíneas europeas vuela habitualmente en condiciones de fatiga excesiva. Se habla de serias fallas en la gestión del descanso, presiones operativas y un generalizado temor a represalias corporativas que comprometen la seguridad aérea en el continente. El estudio fue desarrollado en agosto a partir de una encuesta a casi 7.200 comandantes y primeros oficiales, pone de manifiesto que el 75% de los tripulantes experimentó al menos un microsueño, que es un episodio breve e involuntario de sueño, mientras operaba una aeronave durante las cuatro semanas previas a la consulta. La fatiga en la aviación responde a una combinación de factores operativos críticos: jornadas de servicio prolongadas y periodos de descanso insuficientes; programaciones irregulares y cruce continuo de husos horarios que alteran los ciclos naturales del sueño; y riesgo operacional directo, un cuadro que deteriora el juicio de los pilotos, ralentiza sus tiempos de reacción, merma la alerta situacional y afecta la capacidad de respuesta ante contingencias inesperadas. Pese a que la normativa de seguridad europea exige a las compañías disponer de sistemas para identificar, supervisar y mitigar estos riesgos, el 24% de los pilotos admitió continuar volando habitualmente en lugar de declararse no apto por cansancio. Asimismo, un 16,8% recurre a reportarse por baja médica ordinaria como vía alternativa para no operar fatigado. La investigación refleja, además, una desconexión crítica entre los procedimientos formales de seguridad y la realidad operativa. Aunque la prevalencia del agotamiento es elevada, solo uno de cada tres pilotos notifica formalmente su no aptitud para el servicio cuando está exhausto. Peor aún, el 50% reconoció haber operado un vuelo en los tres meses previos al sondeo cuando debió haberse declarado no apto. Entre los factores que explican esta reticencia destacan: miedo a represalias, porque casi la mitad de los encuestados teme consecuencias disciplinarias o laborales por parte de la dirección de su aerolínea si notifica fatiga; falta de credibilidad, únicamente el 11,9% confía en el sistema de reporte de fatiga implementado por su compañía; presión sobre la discrecionalidad del comandante, casi dos de cada cinco pilotos emplearon esta facultad (diseñada para prolongar legalmente la jornada o reducir descansos bajo circunstancias excepcionales) al menos una vez en el mes previo. No obstante, cerca del 70% expresó preocupación ante las consecuencias de negarse a extender su jornada, lo que evidencia presiones corporativas en un mecanismo reservado para contingencias extraordinarias.
