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Flybondi enfrenta su mayor crisis: deudas, cancelaciones, renuncias y una flota reducida al mínimo

La situación de Flybondi atraviesa uno de los momentos más delicados desde el inicio de sus operaciones en Argentina en 2018. La aerolínea de bajo costo enfrenta una combinación de problemas financieros, operativos y de gestión que ponen en duda su continuidad tal como se la conoce hasta hoy.

El conflicto más reciente surgió a partir de una demanda judicial presentada por la empresa de transporte Manuel Tienda León, que reclama el pago de una deuda superior a los 122 millones de pesos por servicios impagos. La firma solicitó el embargo preventivo de las cuentas de la compañía luego de que fracasara una instancia de mediación y de varios intentos de cobro extrajudicial.

Obviamente no son los únicos acreedores, entre los grandes proveedores, que sufren demoras en los pagos.

La crisis financiera se suma a una compleja situación operativa. Aunque Flybondi cuenta con una flota de alrededor de 15 aeronaves, actualmente apenas dos o tres aviones se encuentran en servicio, mientras el resto permanece fuera de operación por problemas técnicos y falta de pago a lesor y talleres de mantenimiento. Hace apenas algunos días, la empresa llegó incluso a operar con una sola aeronave.

Las consecuencias se reflejan en los índices de puntualidad y cancelaciones. Según datos del sector, entre junio de 2025 y mayo de 2026 la compañía canceló más de 2.500 vuelos, afectando a más de 350.000 pasajeros. Solo durante mayo, casi el 47% de los vuelos programados fueron cancelados.

La crisis también golpea a los trabajadores. Flybondi acordó con el gremio ATAF la implementación de suspensiones rotativas de personal, con una garantía salarial del 70% de los ingresos. Paralelamente, unos 300 empleados habrían aceptado retiros voluntarios en los últimos meses.

A la incertidumbre operativa y financiera se suma una fuerte inestabilidad en la conducción. En las últimas semanas dejaron la empresa varios ejecutivos, entre ellos la CEO Paz Lovisolo, quien permaneció menos de cuatro meses en el cargo. Su salida se agregó a las renuncias previas de otros directivos clave. La diferencia es que Lovisolo llegó con la actual administración.

La pérdida de presencia en Aeroparque es otro síntoma del deterioro. La compañía redujo significativamente su participación en el movimiento total del aeropuerto, pasando de niveles cercanos al 23% a apenas entre el 10% y el 12%. Además, comenzó a perder posiciones de pernocte debido a la escasa utilización de su flota. Hoy, aeronaves de otras empresas utilizan esos espacios.

Desde la empresa aseguran que se encuentran trabajando en un proceso de reestructuración para recuperar aeronaves y normalizar las operaciones. Sin embargo, en el mercado crecen las especulaciones sobre una posible reconversión del negocio hacia actividades de carga y logística, en línea con otras empresas vinculadas al grupo controlador.

Mientras tanto, miles de pasajeros continúan enfrentando cancelaciones y reprogramaciones, en un contexto donde el futuro de la principal aerolínea low cost argentina aparece cada vez más incierto.

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