Los Flybondiers, como cariñosamente había bautizado la empresa a sus empleados, y estos consentían de buen agrado, habían optado por un gremio propio, la Asociación Trabajadores Aeronáuticos de Flybondi (ATAF), en desmedro de los cantos de sirenas de los auto llamados Gremios Aeronáuticos, fuertemente identificados con los trabajadores de Aerolíneas Argentinas. Gremios que no les resultaban confiables después del final de Austral, absorbida, y Latam Argentina, prácticamente expulsada del país.
La armonía, entre los Flybondiers y los dirigentes de ATAF, parece haberse terminado de romper por estos días, producto de los duros comentarios de los empleados por redes sociales en respuesta a un comunicado distribuido el sábado 15 por las autoridades del gremio, comentando un encuentro el día anterior en el Ministerio de Capital Humano, donde reconocían “ los graves y urgentes reclamos relacionados a la salud del personal y su grupo familiar, como así también la insostenible situación salarial y laboral”.
La respuesta por redes sociales de los empleados, sin embrago, no se hicieron esperar y acusaron a los sindicalistas de complacencia con las autoridades de la compañía, que lidera desde el año pasado el empresario Leonardo Scatturice, a quienes acusan de no haber defendido al personal en los aeropuertos cuando el público los agredía por el pésimo cumplimiento de vuelos y horarios (en julio el 79% de los vuelos programados fueron cancelados), los despidos sin causa, los retiros voluntarios no pagos, pese a que fueron firmados ante escribanos, la falta de cobertura de salud para ellos y sus familiares (cancelado por falta de pago) y el atraso en el pago de los sueldos.
En el comunicado, si bien el gremio dice “comprender la angustia de muchos”, dice también “rechazar todos aquellos intentos de manipulación de la crisis que llevan a difundir información falsa o promover acciones particulares a través de la sustitución de la identidad institucional del gremio o que, sobre la base de rumores y difamaciones, persiguen intereses personales y/o de facciones, sean estos legítimos o no”.

Todo esto mientras se ensancha la incógnita sobre el futuro de la empresa: si seguirá operando (en julio Flybondi solo captó el 1% del mercado, bajó su ocupación al 60% – incongruente para cualquier empresa, mucho menos una low cost – y sus vuelos dejaron de ser vendidos por agencias y operadores); tendrá un cambio cosmético de nombre y pasará a llamarse Oca Air; pedirá su convocatoria, se integrará a la convocatoria ya en proceso de OCA o se integrará a una empresa de logística y venta electrónica como trascendió. Todo es posible.
