La llegada el año pasado del grupo inversor COC Global Enterprise que encabeza el empresario argentino Leonardo Scatturice a Flybondi, la aerolínea que inauguró el modelo low cost en la Argentina, hacía suponer un salvavidas para una empresa que mostraba grandes problemas económicos y que exhibía un desprestigio total, con records de cancelaciones y vuelos demorados. Tal era la situación que en diciembre la ANAC había multado a la compañía, a la que siempre trató con deferencia.
Los problemas los atribuyó la empresa, en ese momento, a la demora en la llegada de 4 A320 sobre un total de 7, más 4 B737-800, alquilados bajo la modalidad ACMI (Avión, Tripulación, Mantenimiento y Seguros), más algunos imprevistos en aviones de su propia flota. Aunque nunca se aclaró oficialmente, las demoras de los A320 se atribuyeron a “incumplimiento” en los contratos con el lessor.
A principios de febrero el grupo anunció un cambio en la conducción de la empresa cuyo objetivo, dijo, era “fortalecer las estructuras para acompañar la próxima etapa de crecimiento del grupo”,
Un proyecto, por lo que se ve, enfocado más al negocio de la distribución, al unir Flybondi, OCA, Flecha Log, con el aporte de la empresa de tecnología de Scatturice, OCP TECH, que algunos vislumbran como destinado a competir con Mercado Libre de Marcelo Galperín, no solo en la Argentina sino también en la región.
Antes, habían anunciado un ambicioso programa de reequipamiento con la incorporación de 35 aviones nuevos, entre A220 y B737 MAX 10.
Sin embargo, una nueva sucesión de tropiezos, lo que comenzó como un ambicioso plan de expansión se ha transformado, en apenas meses, en una nueva crisis estructural que pone en duda la continuidad de Flybondi tal como se la conoce en Argentina. La principal low cost del país enfrenta hoy un combo explosivo: ajuste de plantilla, anemia operativa, multas y versiones sobre una posible mudanza de su base a Paraguay. Algo bastante insólito, que fue especialmente desmentido por la empresa a Aviación News.
Versión que coincide con el anuncio de un programa de retiros voluntarios para sus 1.500 empleados, con el objetivo de cerrar una primera etapa el 25 de marzo y una segunda el día 30. Aunque la empresa define este movimiento como un «rediseño organizacional» que busca adecuar la plantilla a la flota prevista para este año (12 aviones), desde APA (Asociación del Personal Aeronáutico) lo califican como la «crónica de un final anunciado».
Algo que la empresa insiste en desmentir.
La comunicación de los retiros, realizada de forma colectiva vía Zoom incluye indemnizaciones con bonificaciones, extensión de cobertura médica y pasajes gratis, pero el trasfondo preocupa: el gremio denuncia “una falta crítica de inversión en mantenimiento y una presión insostenible sobre el personal de pista, que debe lidiar con pasajeros enfurecidos sin contar con herramientas mecánicas suficientes”.
En la industria los trascendidos hablan de 40 pilotos que serían desvinculados, aunque desde la empresa niegan tal versión asegurando que eventualmente serían como mucho 10, y que esto responde “a que hay que retomar el camino de la eficiencia: operación y estructura”. Para agregar que se trata de “reiniciar un rediseño organizacional para poder lograr sostenibilidad financiera en los meses siguientes y preparar la compañía para los proyectos que vienen, entre ellos los 35 nuevos aviones, cuyo primer ingreso será en el primer trimestre del 2028”
La realidad es que en las últimas semanas Flybondi llegó a tener hasta 8 aeronaves fuera de servicio (el 65% de su operación impactada), debido a renegociaciones contractuales bajo la modalidad ACMI, contratar vuelos puntuales a Andes, una multa aplicada por el Gobierno de Neuquén por $228,9 millones por la cancelación de 150 vuelos en enero, además de una puntualidad del 57,40%.
