El método de compensación de emisiones es largamente utilizado en el sector aerocomercial. De hecho, han aparecido toda una generación de intermediarios: plataformas que venden “su servicio” y que le permiten, subidas a las web de las aerolíneas, calcular cuánto dióxido de carbono de emite por vuelo y a cuánto equivale eso en dinero. Luego esos portales transfieren el equivalente o lo destinan directamente a proyectos conservacionistas o de recuperación de la Naturaleza. Sin embargo, aun estudio reciente, IATA señaló que entre los datos de emisiones de vuelos disponibles para pasajeros existen discrepancias significativas, pues cada calculadora tiene sus propias variables o datos teóricos que no las hace homogéneas. IATA indicó que para calcular las emisiones de CO2 de un vuelo, es necesario saber cuánto combustible se quema y cuántas emisiones se generan a partir de la combustión. “La mayoría de las calculadoras estiman el consumo de combustible utilizando modelos teóricos o datos de pruebas de combustible. El resultado seguirá siendo una estimación, a diferencia de los cálculos que se basan en datos observados del consumo real de combustible de la aeronave, que son fácticos. Las discrepancias en los datos de emisiones pueden minar la confianza de los pasajeros y dificultar la toma de decisiones informadas sobre los viajes. También complican las comparaciones”, dice IATA. “Si se considera todo el ciclo de vida del combustible, incluidas las emisiones de la producción del combustible además de la combustión del combustible en el motor (Well-to-Wake), el factor de emisiones será mayor que si solo se consideran las emisiones producidas por los motores de la aeronave durante el vuelo (Tank-to-Wake)”, continúa la Asociación. IATA culminó señalando lo importante que resultaría que las metodologías se armonizaran y los cálculos se basaran en datos reales y precisos.
