En la apertura de la 82ª Asamblea General Anual (AGM) de IATA, celebrada en Rio de Janeiro, Willie Walsh presentó un diagnóstico contundente sobre la situación actual del transporte aéreo mundial. El director general de la asociación advirtió que, pese a que la demanda continúa mostrando fortaleza, la industria enfrenta una combinación de factores adversos que amenazan su rentabilidad: elevados precios del combustible, persistentes problemas en la cadena de suministro aeronáutica, tensiones geopolíticas, conflictos armados y políticas públicas que, según afirmó, continúan obstaculizando el desarrollo de la conectividad aérea.
Walsh recordó que, una vez superada la pandemia, la industria esperaba recuperar estabilidad. Sin embargo, la crisis de la cadena de suministro, la guerra en Ucrania, los conflictos en Medio Oriente y los cambios en las políticas comerciales internacionales generaron un nuevo escenario de incertidumbre. La escalada de tensiones en Medio Oriente durante marzo provocó un fuerte aumento del petróleo y, en consecuencia, del combustible de aviación.

Según las previsiones de IATA, el precio promedio del jet fuel será este año un 70% superior al del año anterior, lo que añadirá aproximadamente US$ 100.000 millones a la factura global de combustible de las aerolíneas. Aunque la demanda sigue resistiendo incluso en un contexto de mayores tarifas, el crecimiento será más moderado: 2,1% en pasajeros y apenas 0,7% en carga.
Como resultado de este escenario, la rentabilidad de la industria sufrirá un importante deterioro. Walsh señaló que los beneficios netos globales caerán desde los US$ 45.000 millones registrados en 2025 hasta US$ 23.000 millones en 2026, mientras que los márgenes netos pasarán del 4,2% al 2,0%. El ejecutivo reconoció que será un año particularmente complejo para aquellas compañías que aún no han completado su recuperación financiera tras la pandemia y para las aerolíneas de la región del Golfo, especialmente afectadas por la coyuntura geopolítica.
No obstante, el directivo destacó que los pasajeros parecen comprender el impacto de los mayores costos operativos. Según encuestas realizadas por IATA, el 86% de los viajeros espera que las tarifas acompañen la evolución del precio del petróleo. Además, casi la mitad prevé gastar más en viajes durante este año y otro 43% mantendrá niveles similares de gasto, lo que permite anticipar una sólida temporada alta de verano en el hemisferio norte.
La cadena de suministro vuelve al centro de las críticas
Uno de los capítulos más duros del discurso estuvo dedicado a los fabricantes aeronáuticos y de motores. Walsh sostuvo que las aerolíneas están afrontando precios récord del combustible con flotas menos eficientes de lo previsto debido a los incumplimientos de la industria proveedora.
Actualmente, la cartera mundial de pedidos supera los 18.000 aviones y la edad promedio de la flota global alcanzó un récord histórico de 15,2 años. Según IATA, existen más de 5.000 aeronaves de nueva generación que deberían estar operando y que aún no han sido entregadas, privando a las compañías de importantes mejoras de eficiencia y generando mayores costos de mantenimiento y leasing.

El impacto económico de estas deficiencias fue estimado en al menos US$ 11.000 millones durante 2025. Walsh contrastó esta situación con los resultados financieros de los fabricantes de motores, cuyos beneficios continúan creciendo, y lanzó una de las frases más contundentes de toda la jornada: “Mi mensaje a los fabricantes de motores es simple: dejen de abusar de nosotros y vuelvan a fabricar motores excelentes, que funcionen y duren”.
Aunque reconoció que no se observan mejoras significativas en la situación, destacó positivamente la renovación de un acuerdo con CFM destinado a introducir mayor competencia en los servicios de posventa y mantenimiento, iniciativa que podría aliviar parcialmente la escasez de repuestos y capacidad de reparación.
Más presión política y defensa de estándares globales
Walsh explicó que la creciente complejidad regulatoria llevó a IATA a reforzar significativamente su capacidad de lobby y representación institucional, particularmente en Bruselas. El objetivo es defender marcos regulatorios alineados con estándares globales y evitar iniciativas nacionales o regionales que terminen perjudicando la conectividad.
En materia tributaria, reiteró la histórica posición de IATA según la cual la aviación no debe ser considerada un lujo sino un servicio esencial y un motor económico. Como ejemplo negativo, citó específicamente a Brasil, donde avanzan propuestas para aplicar un IVA del 26,5% a los pasajes aéreos. Según los cálculos presentados por la asociación, la medida podría incrementar en US$ 195 el precio promedio de un boleto internacional y eliminar hasta 3,6 millones de viajes internacionales, además de generar un impacto aún mayor sobre el mercado doméstico.
El directivo también volvió a cuestionar los regímenes de derechos de los pasajeros inspirados en la normativa europea EU261. A su juicio, se trata de un modelo regulatorio que genera costos desproporcionados, fomenta litigios y no resuelve las verdaderas causas de los retrasos y cancelaciones.
En este contexto, destacó que Brasil concentra alrededor del 95% de los litigios mundiales relacionados con derechos de pasajeros, una situación que consideró un claro ejemplo de los efectos no deseados de regulaciones mal diseñadas. Walsh defendió una aproximación centrada en las prioridades reales de los viajeros, quienes según estudios de IATA valoran más la posibilidad de obtener rutas alternativas que las compensaciones económicas.

Infraestructura: aeropuertos y control aéreo bajo la lupa
La infraestructura fue otro de los grandes ejes del discurso. Walsh alertó que cerca de 400 aeropuertos del mundo requieren coordinación de slots debido a la insuficiencia de capacidad para atender la demanda en determinadas franjas horarias.
Mientras algunos países avanzan con proyectos estratégicos —como los nuevos desarrollos aeroportuarios en Vietnam, Singapur y Australia—, otros continúan aplicando modelos concesionarios o políticas tarifarias que, según IATA, terminan perjudicando a pasajeros y aerolíneas.
Particularmente crítico fue con el aeropuerto de Londres-Heathrow y sus planes para una tercera pista. Walsh cuestionó el modelo regulatorio vigente y acusó a los accionistas del aeropuerto de priorizar su propio enriquecimiento por encima de los intereses de los usuarios y de la economía británica.
Las críticas se extendieron también a los sistemas de gestión del tránsito aéreo. El directivo denunció décadas de subinversión tanto en Europa como en Estados Unidos y sostuvo que una mejora de apenas el 5% en la eficiencia de la navegación aérea permitiría ahorrar unos US$ 12.500 millones al año y reducir significativamente las emisiones de carbono.
Descarbonización: preocupación por el futuro del SAF y de CORSIA
El capítulo ambiental ocupó buena parte de la presentación. Walsh recordó que la industria mantiene su compromiso de alcanzar emisiones netas cero para 2050, pero advirtió que dos pilares fundamentales de esa estrategia están hoy seriamente comprometidos: el esquema global de compensación CORSIA y la producción de combustibles sostenibles de aviación (SAF).
Respecto de CORSIA, señaló que los gobiernos no están generando suficientes créditos elegibles para cubrir las necesidades previstas durante la primera fase del programa. De los entre 170 y 236 millones de créditos requeridos, apenas existen 38 millones disponibles, provenientes de solo diez países.
Asimismo, cuestionó duramente a la Unión Europea por promover medidas que, a juicio de IATA, debilitan el sistema global en favor de mecanismos regionales como el ETS europeo.
Más preocupante aún es la situación del SAF. Walsh destacó que las aerolíneas han enviado señales claras de demanda mediante la firma de más de 180 acuerdos de compra desde 2021. Sin embargo, la producción continúa muy por debajo de lo necesario.
Durante este año se producirán apenas 2,4 millones de toneladas de SAF, suficientes para cubrir solo el 0,8% de las necesidades de combustible de la aviación mundial. La meta para 2050 es alcanzar los 500 millones de toneladas, equivalentes al 65% del consumo proyectado.
El ejecutivo atribuyó buena parte de este retraso a políticas gubernamentales mal diseñadas, particularmente a los sistemas de mandatos obligatorios implementados en Europa y el Reino Unido. Según explicó, estos mecanismos han elevado los costos sin generar la oferta necesaria, trasladando además cargas financieras adicionales a las aerolíneas.
Para Walsh, la industria necesita abrir urgentemente una discusión realista sobre los plazos de descarbonización, evaluando qué objetivos son alcanzables y bajo qué condiciones. Aunque aseguró que todavía existe una posibilidad de cumplir con la meta de 2050, reconoció que esa perspectiva se está debilitando rápidamente.

Una despedida con mensaje de optimismo
En uno de los momentos más personales de su intervención, Walsh confirmó que en las próximas semanas dejará la conducción de IATA para asumir como CEO de la aerolínea india IndiGo. Antes de despedirse, agradeció a los miembros de la asociación, a su directorio y al equipo de IATA por el apoyo recibido durante su gestión.
Pese al complejo panorama descrito a lo largo de su discurso, concluyó con un mensaje optimista sobre el futuro de la aviación. Destacó el potencial transformador de la inteligencia artificial para mejorar la eficiencia, reducir costos y optimizar la experiencia de los pasajeros, y reafirmó su convicción de que la aviación seguirá siendo una fuerza positiva en un mundo cada vez más fragmentado.
“La aviación cambia la vida de más de 5.000 millones de viajeros cada año, hace posible US$ 4,1 billones en comercio y sostiene 86,5 millones de empleos. En un mundo marcado por los conflictos y las divisiones, la aviación acerca a las personas, genera oportunidades y mantiene viva la esperanza”, concluyó.
