Ryanair reembolsó su último bono de € 1.200 millones, quedando completamente libre de deuda institucional por primera vez desde su salida a Bolsa, en 1997. Los fondos de ese bono fueron captados durante la pandemia de Covid-19, cuando la aerolínea optó por endeudarse para conservar liquidez en lugar de vender activos. Con la cancelación del pasivo, el grupo pasa a ser propietario absoluto de su flota de 620 aeronaves Boeing B-737, sin arrendamientos ni cargas financieras, y mantiene una calificación crediticia de BBB+ otorgada por Fitch Ratings y S&P. La ausencia de costes de financiación amplía la brecha operativa de Ryanair frente a sus competidores europeos de bajo coste, reforzando su capacidad para mantener tarifas bajas durante la temporada estival. El plan estratégico de la compañía apunta a alcanzar 300 millones de pasajeros anuales para el año fiscal 2034, con la recepción de hasta 50 aeronaves Boeing B-737MAX 10 por año a partir de 2029. La dirección financiera no descarta volver a los mercados de bonos de manera selectiva para financiar esa expansión.
