No es ministro, ni secretario, ni senador, ni diputado, ni asesor, ni pertenece al entorno del Presidente, por lo que no mereció que lo identificaran con nombre y apellido. Sin embargo, el presidente de Aerolíneas Argentinas fue el único empresario – si se lo puede llamar así por más que no tenga una sola acción de la empresa – destacado por su gestión, aunque sin nombrarlo expresamente en el discurso de Javier Milei ante el Honorable Congreso de la Nación, en la inauguración del Periodo de Sesiones Ordinarias.
Posiblemente, por no pertenecer a su entorno político y, mucho menos, cuando se desconoce su orientación política, si es que la tiene. Valga apuntar que antes de ser designado por el actual gobierno presidente y gerente general de Aerolíneas Argentinas, Fabián Lombardo, que de él se trata, fue durante años (2019-2023) vicepresidente comercial de la compañía durante la administración de Pablo Ceriani, es decir, durante el gobierno kirchnerista que encabezaba Alberto Fernández.
Sin duda, un caso raro.
Pero este domingo, taxativamente, la gestión de Aerolíneas Argentinas fue destacada durante el discurso de Apertura por haber logrado equilibrar sus números, no solo en el aspecto financiero, sino también por haber evitado que ésta ya no dependa de los fondos del Estado (por lo menos por ahora). Algo extravagante en esta empresa desde que se constituyó como tal allá por 1950.

Según los últimos datos conocidos – empresa que ni siquiera los empleados, cuando se la ofrecieron gratis la aceptaron por inmanejable – durante el 2025 acusó un superávit operativo de 112,7 millones de dólares.
A favor de Lombardo, un profesional que viene de la industria y no de la política, se puede decir que, ni ahora ni antes, se expresó políticamente, lo que demuestra que lo fundamental para encarar una transformación es conocer el negocio y mantenerse lo más lejos posible de los políticos y los burócratas.
