Como es habitual, cuando ocurre un accidente aéreo lo que abundan son las especulaciones fomentadas, en muchos casos, por los pseudo “especialistas” que las alimentan y las sostienen.
En el caso concreto del vuelo de Air India, donde murieron 241 muertos entre pasajeros y tripulantes y 39 persona en tierra (se estrelló sobre una residencia de la Faculta de Medicina próxima al aeropuerto), con un sobreviviente en el pasaje lo que generó otra usina de conjeturas hasta convertir el asiento A11 en milagroso, las especulaciones variaron desde una ingestión de pájaros, sobrepeso, una pérdida de potencia de ambos motores al mismo tiempo, la no configuración del avión para el despegue, una falla eléctrica, una falla hidráulica y hasta un error de la tripulación al confundir la palanca que permite elevar el tren de aterrizaje con la que modifica la posición de los flaps. Todo es posible en el universo de la especulación.
Especulaciones que duran lo que dura la noticia. Hasta que desaparece y se entra en un cono de silenció que llega hasta que los verdaderos especialistas (en este caso la Oficina de Investigación de Accidentes Aéreos de la India (AAIB), la NTSB liderando un equipo de expertos técnicos estadounidenses, incluidos representantes de la FAA, Boeing y GE Aviation y la División de Investigación de Accidentes Aéreos del Reino Unido) ya con todos los elementos y pruebas disponibles en la mano, dan su veredicto. Pueden pasar meses o años. Entonces la noticia, con los resultados comprobados de la investigación, es probable que apenas ocupe un pequeño espacio en los medios del mundo.
