…ni regalada!!!

El triunfo de Javier Milei puso en estado de alerta a todo el sector gremial. Pero dentro de este espacio, los más activos fueron los gremios aeronáuticos al punto que cuatro de los cinco que habitan en Aerolíneas Argentinas no solo se pasearon por los medios, sino que hasta emitieron comunicados de prensa cuando aún faltaban tres semanas para que asumieran las nuevas autoridades. Comunicados que dejaban bien en claro que los gremios aeronáuticos se oponen rotundamente a la privatización de la empresa. “Nos van a tener que matar”, dramatizó Pablo Biró, secretario general de APLA (pilotos), para luego retroceder en chancletas y hasta pedir disculpas.

La amenaza tiene sentido ya que hasta el último empleado de Aerolíneas sabe que la privatización de la empresa implicaría un ajuste y una reestructuración como para llevarla a los estándares que manejan las aerolíneas que no viven de subsidios.

Pero en realidad, lo que se supone que pretenden las autoridades elegidas, según anticipó en campaña el presidente electo, no sería la privatización sino la transferencia de la empresa a los empleados, que no es lo mismo que a los gremios. Traspaso, como alguna vez lo ensayó la SEPI española al pasarle Aerolíneas al Grupo Marsans, con el equivalente al déficit de la empresa como capital de trabajo por un año. Aquí la premisa sería ahora “que el ajuste lo hagan los propios empleados que son los que mejor conocen la empresa”. “Tomá y arreglate”.

Sin embargo, y salvo Biró – lo que generó cierta suspicacia entre sus colegas y empleados -, todos parecen oponerse a algo tan supuestamente increíble como que te regalen la empresa en la que trabajas. Que, de buenas a primeras, pases de empleado a dueño de una de las más grandes y emblemáticas empresas argentinas, a la que a su vez se la asocia, en su publicidad, nada menos que con la bandera y la Patria misma.

Ricardo Cirielli, de APTA (personal técnico), afirmó en un extenso comunicado “que no están de acuerdo y que ambos proyectos (privatización o traspaso) llevarían a la desaparición “de nuestra empresa de bandera”.

Juan Pablo Brey, de la AAA (auxiliares de a bordo), afirmó, a su vez, “que se dicen muchas cosas y algunas no son posibles. Un ejemplo, que se le otorgue por decreto el manejo de Aerolíneas a los trabajadores, lo que es impracticable. Se trata de una empresa que está saliendo adelante y saneando sus finanzas, pero todavía recibe un subsidio del Estado porque cumple una función social”.

Algo que, se supone, ya no sería gratuito como no lo fue el traslado del 100% de las vacunas ni el envío de órganos del Incucai una exclusividad de Aerolíneas.

Pero quien elevó la cuota de dramatismo fue Edgardo Llano, de APA (personal de tierra), que llegó a decir “que entregarles el manejo a los empleados sería firmar el certificado de defunción de Aerolíneas Argentinas”.

Lo extraño de esta visión apocalíptica es que el rechazo a la propuesta de Milei se produce cuando todos los gremialistas hablan, “de una empresa que está saliendo adelante y saneando sus finanzas”. O “que los números son excelentes, por lo que la empresa no necesitó subsidios este año ya que lo único que recibió fueron saldos pendientes del 2022”, y que “su pérdida será de solo U$S 48 millones de dólares”.

La pregunta que salta a la vista es por qué si la compañía está cerca de ser rentable – por lo menos no deficitaria –  y en camino a sostenerse con sus propios ingresos, los sindicalistas rechazan en nombre de los trabajadores la posibilidad de dejar de ser empleados y pasar a ser propietarios, sin poner un peso, de una empresa que factura más de 1.500 millones de dólares al año, aunque, es cierto, hoy tiene un patrimonio neto negativo ….

Una de dos: o los números no son como dice la dirección de la empresa (creatividad financiera, con ayuda de ajuste inflacionario, como más de una vez marcó Aviación News) o que el riesgo empresario lo corra otro. Algo así como: “todos somos aerolíneas… pero no con la mía”.

Y ni hablar, de abrir el mercado a la competencia.

Posiblemente quien mejor graficó el pensamiento del personal de Aerolíneas fue APTA, que de paso se declaró en estado de alerta, al sostener en su comunicado que “Cielos abiertos, es una idea muy riesgosa. Poner a competir a Aerolíneas o cualquier otra empresa controlada por capitales nacionales, con innumerables empresas extranjeras mucho más poderosas financiera y comercialmente, es lo mismo que hacer competir en fuerza a un oso con una hormiga. Inevitablemente solo perduraran las aéreas extranjeras con superior respaldo financiero. Entregar Aerolíneas a los empleados para que la administren, es un burdo ardid, para provocar el cierre de la Empresa, sin que el futuro gobierno asuma el costo político de hacerlo”.

En definitiva “…que ni regalada, aunque “la empresa se dirige – como aseguró Cirielli – a lograr el punto de equilibrio de sus cuentas, el cual puede alcanzar”

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