EL VUELO DE LA XIPOLITAKIS: UN HECHO AISLADO O UN PROBLEMA DE CULTURA OPERACIONAL

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El lunes 22 de junio la mediática (¿cómo definirla?) Victoria Xipolitakis llego a Aeroparque y se dirigió directamente, como otras veces, al salón VIP que el Grupo Aerolíneas utiliza en esta aerostación. Desde allí la acompañaron, caminando, hasta el Embraer 190, antes que por la manga subieran los pasajeros. Tenía asignado el asiento 4A, pero no llego a sentarse ya que, anoticiados los pilotos de su presencia a bordo, estos la invitaron a viajar en la cabina. La parte de la historia que sigue es más que conocida. Al llegar a destino, la actriz (¿actriz? ¿modelo? ¿vedette?) dejó que bajaran los pasajeros. Nadie la vio, salvo los empleados de la compañía. Ya en tierra firme llamó a un periodista para pasarle un video que había tomado con su celular, cuyas imágenes había prometido unos minutos antes no divulgar. La reacción de la empresa a través de su presidente (¿no existe un área de comunicaciones que actúe ante una crisis en Aerolíneas?) fue, además de sugerir sin fundamentos un posible complot con intencionalidad política, echar a los pilotos. Allí parecía terminar el problema y la responsabilidad de la empresa. Empezaba, eso sí, el tiempo de los abogados donde todos demandan a todos. Desde el gremio y la empresa trataron de instalar que fue “un caso aislado”. Es probable. Aunque también es factible que si la Xipolitakis no hubiera difundido el video aquí no hubiera pasado nada y jamás se hubiera cometido la “infracción”. Por lo tanto le cabe a las autoridades, la comunidad aeronáutica y los pasajeros la duda sobre cuál es la cultura operativa de la empresa en lo que se entiende por “cabina estéril”. No solo durante esta administración. ¿Con sancionar a los pilotos se termina con el “incidente” o vale investigar a quienes deben cuidar la seguridad en la operación como el jefe de Línea, el gerente de Seguridad Operacional, el gerente de Operaciones y hasta el gerente General y presidente de la compañía? En los últimos años, en Argentina y en el mundo, se ha visto como la justicia avanza hasta las más altas autoridades de las aerolíneas ante un accidente, aunque el mismo haya sido causado por una evidente falla humana. Es que la justicia hoy tiene en cuenta, y con razón, no solo la responsabilidad del tripulante, sino también la de quien lo contrató, quien lo capacitó, quien le inculcó la política operacional, quien tenía que controlarlo y quien le confió la responsabilidad de transportar, nada menos, a otros tripulantes y a los pasajeros. La seguridad es, para algunas compañías, un tema serio. Para otras puede que no tanto.

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