Una poderosa tormenta invernal de alcance nacional provocó el jueves 22 un colapso sin precedentes en el sistema aéreo de Estados Unidos, con más de 13.000 vuelos cancelados o demorados en todo el país, según datos de la industria. El fenómeno climático, calificado por los meteorólogos como “escalofriante” y potencialmente mortal, afecta a más de 240 millones de personas en al menos 40 estados.
El fenómeno llevó a que seis días después los vuelos cancelados en distintos aeropuertos subieran a 22.000 y a miles los vuelos demorados.
El sistema invernal dejó intensas nevadas, acumulaciones de hielo y vientos fuertes en regiones clave para la aviación, impactando de lleno en grandes hubs como Atlanta, Dallas y Nueva York. Las autoridades advierten que el ingreso de aire ártico podría hacer descender las temperaturas hasta los –50 °C en algunas zonas, complicando aún más la recuperación de las operaciones aéreas durante los próximos días.
Ante la magnitud del evento, las principales aerolíneas del país —American Airlines, United Airlines y Delta Air Lines— activaron protocolos de emergencia y emitieron exenciones de viaje generalizadas. Estas medidas permiten a los pasajeros reprogramar sus vuelos sin costo adicional, siempre que completen sus viajes antes del 25 de enero.
El impacto es especialmente severo en el Aeropuerto Internacional Hartsfield-Jackson de Atlanta, el más transitado del mundo, donde una inusual acumulación de nieve obligó a mantener cientos de aeronaves en tierra.

En las terminales, miles de pasajeros permanecen varados mientras las aerolíneas lidian con equipos congelados, procesos de deshielo y limitaciones operativas de las tripulaciones, factores que han triplicado el tiempo promedio de respuesta para las salidas disponibles.
Aunque el núcleo de la tormenta se concentra en el Medio Oeste y el Noreste, sus efectos se extienden más allá de las fronteras estadounidenses. Vuelos internacionales procedentes de ciudades como Londres y Tokio con destino a la costa este de EE. UU. enfrentan desvíos o cancelaciones, a medida que los aeropuertos alcanzan su capacidad máxima para recibir aeronaves desviadas.
