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La comida que vuela… y termina en la basura: IATA pide revisar las normas sobre el desperdicio a bordo

La carta de las aerolíneas puede variar según la duración del vuelo o la clase en la que se viaje, pero el destino final de buena parte de los alimentos servidos es siempre el mismo: la basura.
Según la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA), los productos de comida y bebida representan el 68% de los residuos de cabina, y de ellos un tercio ni siquiera se toca. La cifra revela una paradoja que preocupa a la industria: mientras crecen los esfuerzos por reducir la huella ambiental, toneladas de alimentos terminan cada año desechadas por motivos regulatorios.

El problema se origina en la legislación europea que regula la gestión de residuos desde 2009, la cual obliga a las aerolíneas a eliminar los restos de comida al llegar a destino, sin posibilidad de reutilizarlos o reciclarlos. Por eso, IATA pidió a la Comisión Europea que revise el reglamento para permitir que estos residuos puedan transformarse, por ejemplo, en compostaje.

“En toda la aviación se tira muchísima comida”, confirman tripulantes de compañías que operan en España. Incluso las bandejas intactas acaban en la basura, ya que todo alimento de origen animal –o que haya estado en contacto con él– debe ser destruido. El resultado: entre 400.000 y 450.000 toneladas de residuos de catering internacional (ICW) cada año, según las estimaciones de IATA.

Algunas aerolíneas ya buscan limitar el desperdicio. Air Europa, por ejemplo, utiliza Inteligencia Artificial para calcular cuánta comida cargar según la previsión de pasajeros y la tasa estimada de “no shows”. En vuelos cortos, además, ofrece descuentos en productos próximos a su vencimiento. En un caso reciente, un vuelo desde Honduras que partió con retraso no pudo embarcar su servicio de aperitivos, y la aerolínea obtuvo autorización para donar la comida a un centro infantil local.

Para IATA, la clave pasa por reclasificar los residuos de catering internacional. Hoy, la normativa europea los ubica en la categoría 1 (la más estricta, por riesgo sanitario), pero la organización sostiene que dicho riesgo no ha sido comprobado por la propia Comisión Europea. Una reclasificación a categoría 3 permitiría aplicar procesos más sostenibles como el compostaje, en lugar de la incineración o el entierro.

“El mayor obstáculo para reducir el desperdicio a bordo es la regulación actual”, afirma Nicolas Jammes, subdirector de Comunicaciones sobre Sostenibilidad de IATA. “Las aerolíneas hacen lo que pueden, pero la normativa también debe estar a la altura de las necesidades. La clave está en Bruselas”, agrega. Su colega Daniela Stange, responsable de Sostenibilidad Corporativa, coincide: “Las tripulaciones tienen poco tiempo y espacio para el servicio. Cuando ven que los residuos segregados no se pueden reciclar, se preguntan: ‘¿para qué hacerlo?’”.

La gestión de los residuos depende de múltiples factores: los contratos entre aerolíneas y proveedores, la ruta del vuelo o el personal que se encarga de la limpieza. “No hay una única manera de gestionarlos”, reconoce Fabio Gamba, director general de la Asociación de Catering de Aerolíneas (ACA). Y advierte que, si bien las empresas de catering son las principales responsables, las aerolíneas también deben involucrarse. “Tras la pandemia, muchas compañías recortaron gastos, y el catering fue una de las primeras áreas afectadas”, señala.

Pero el pasajero también cambió. Ya no se conforma con el clásico “pollo o pasta”: hoy busca opciones más personalizadas. “Las comidas especiales representan alrededor del 7% del total, el triple que hace una década”, detalla Gamba.

Desde KLM Catering Services, su responsable de Calidad, Ingrid Timmermans, explica que los residuos se gestionan mediante empresas autorizadas o de limpieza, y los contenedores terminan en vertederos designados por los aeropuertos. “Las autoridades del país de llegada son las que garantizan el cumplimiento de la normativa, pero como no hay directrices claras, la mayoría opta por ser muy estricta”, lamenta.

Así, la comida que viaja por medio mundo, cuidadosamente planificada y servida a 10.000 metros de altura, termina aterrizando en la basura.

Tamaño Problema

1.43 kilogramos de residuos alimentarios es lo que desperdicia cada pasajero a bordo de las aeronaves comerciales, según la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA). Esta dilapidación del preciado alimento, que a muchos les falta (842 millones de personas sufren hambre en el mundo, según la ONU).  Con aproximadamente de 4.5 mil millones de pasajeros volando anualmente, la cuenta nos brindará un número que seguramente (no haga la cuenta, si es una persona impresionable). No obstante, más allá de meramente emitir residuos, los desperdicios de alimentos en los vuelos, son un gran punto crítico para esta industria. Pero, la cuestión de cómo y porque se producen estas exorbitantes cifras en la industria aérea, es complejo y contiene varias aristas de las que hablaremos a continuación.

 

Causas del Desperdicio de Alimentos

Planificación (o no) y Exceso de Oferta

Una de las principales causas de este suceso, es la dificultad de prever con precisión las cantidades reales y las necesidades alimentarias que suponen los pasajeros. La planificación excesiva o mala planificación, lleva a una provisión de alimentos que muy a menudo supera la demanda real, traducido en grandes cantidades de comida desechada. En este punto, la aerolínea neerlandesa KLM, se destaca por su acertada innovación para disminuir estas cifras: desarrollo una IA (Inteligencia Artificial) que predice la embarcación real de los pasajeros en los vuelos (entre el 3% y 5% de los pasajeros con reservas no se presentan) y a su vez, calcula las comidas necesarias. En solo tres meses, han logrado reducir el desperdicio en un 63%, representado en un ahorro de 111.000 kilos de comida anual.

 

Restricciones de Seguridad

Los alimentos que no se han consumido en el vuelo no pueden reutilizarse ni redistribuirse en vuelos posteriores, según las actuales normativas de sanidad y seguridad.

La ASF (Foro de Sostenibilidad de la Aviación) junto a IATA, realizó dos auditorías de Composición de Residuos de Cabina (CWCA), la primera acaecida en noviembre 2023 y la segunda en abril 2024 donde pudo estimar, en un análisis a 25 vuelos de corta, media y larga distancias, que el 65% de los residuos que se emiten son de carácter alimentario, y el 18% de estos, son alimentos intactos, con alta probabilidad de redistribuirse en otros vuelos.

 

Preferencias y Restricciones Dietéticas

Los últimos años pusieron en auge una amplia gama de dietas y nuevos estilos de alimentación. La actual diversidad sobre alimentación, preferencias alimentarias y restricciones dietéticas que aboga cada pasajero, juega hoy un papel crucial. Con opciones Gourmet, light, veggie, Sin TACC, fast, snack, entre mucha otras más, las aerolíneas y los servicios de catering, deben reinventarse y ajustarse constantemente para ofrecerlos más diversos menús que se adapten a las demandas actuales. Ahora deben ofrecer mayor variedad de opciones para satisfacer a todos los pasajeros, lo que frecuentemente lleva a un excedente de alimentos preparados, pero no necesariamente consumidos.

 

 Consecuencias del Desperdicio de Alimentos

 

 Impacto Ambiental

A nivel mundial y bajo ciertas condiciones, se espera que para el año 2029, se incremente alrededor de un 10% el número de vuelos comerciales. Si están datos son correctos, entonces se espera un alto impacto ambiental que recae sobre esta industria.

Desde 1940, hasta la fecha, el porcentaje de emisiones de Dióxido de Carbono (CO2) se ha incrementado por cinco, pasando de 0.32% a 1.77%, alcanzando un pico histórico en el 2019 de 2.5%, según un análisis científico por OuR World In Data y Global Carbon Project.  El Dióxido de Carbono (CO2) es un gas de alto impacto ambiental, que permanece años en la atmosfera y el océano, contribuyendo al calentamiento global, e impactando a su vez negativamente en la calidad del aire y la salud humana.

Pero, el desperdicio de alimentos no se queda muy atrás. Cuando derrochamos alimentos, a su vez también malgastamos otros parámetros de la ecuación: combustible, energía, agua, y tierra entre otros, que fueron necesarios para su cultivo, cosecha, transporte y empaque.

Si los alimentos no se consumen y pasan al estado de putrefacción, producen metano, otro gas aún más potente que el dióxido de carbono.

Según la Organización World Wild Life, el desperdicio de alimentos genera 8% de todas las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Los GEI, en cantidades adecuadas, actúan como una especie de “manta” alrededor del planeta, equilibrando nuestra temperatura. Pero su creciente aumento provoca una elevación de la temperatura promedio terrestre que favorece al cambio climático que podemos notar año tras año.

La Huella de Carbono, concepto que hemos oído al pasar, pero del que sabemos poco, es la métrica ambiental que se utiliza para calcular las emisiones de los GEI generadas por una persona, empresa e inclusive un producto. Por lo tanto, su aumento es proporcionalmente directo al aumento de temperatura y al cambio climático.

Pero, por suerte, no todo está perdido, ya que se observan diversas medidas que están adoptando las compañías aéreas y el catering a bordo, ya que este último forma parte de los sectores más determinantes al momento de la generación de desperdicio alimentario en la aviación comercial. Desde sistemas con preselección de menús para mejorar su planificación, uso de IA (inteligencia artificial) para analizar datos y optimizar cantidad de alimentos, hasta mejoras en la cadena de transporte y suministros, son una de las variadas estrategias que se observan por parte de varias compañías aéreas.

Costos Económicos

Nada es gratis en la vida, y el desperdicio de alimentos tampoco lo es.  Más allá de la pérdida en la inversión que se realizó en cada alimento brindado y no consumido, se suma el costo adicional en el que se incurre para la gestión y eliminación de estos residuos. Esto se compone de varias componentes:  desde el costo que implica el personal a cargo de esta gestión, su transporte, su capacitación para la correcta manipulación ó desecho y hasta multas por incumplimiento de normativas. Varias empresas externas se dedican a realizar este proceso, lo que supone

La empresa tecnológica Vasca Ceit, hace unos años, trabajaba en el proyecto “Digestair”, que consta de la creación de un digestor anaerobio, que permitiría la descomposición de material orgánico a bordo, como restos de comidas y aguas residuales

Soluciones y Estrategias Sostenibles

Innovaciones Tecnológicas

Algunas empresas están adoptando tecnología de vanguardia para optimizar la planificación de la demanda alimentaria en cada vuelo. Claros ejemplos de esto, son las compañías Emirates y KLM, las cuales utilizan diversos sistemas de software (AI y bases de análisis de datos) que permite mejorar la oferta alimentaria, en función de ciertos análisis, reduciendo así el exceso de alimentos.

Reciclaje, Reutilización y Redistribución

Lufthansa se ha proclamado como pionera en este punto. Es una de las compañías aéreas que logrado implementar un esquema de reciclaje para gestionar mejor los residuos. Se trata de su programa “Delicias a Bordo” en el cual, el alimento se encuentra contenido en un envase fabricado con materiales reciclados y compostables.  Otra iniciativa de esta compañía, es la llamada «Onboard Delights Last Minute»: donde los pasajeros pueden adquirir productos frescos, en determinados vuelos, que no hayan sido vendidos poco antes de aterrizar, a un precio reducido y llevárselos consigo.  Con estas iniciativas, se logró reducir hasta un 22% el desperdicio de alimentos. La compañía Austrian Airlines también cuenta con la iniciativa «AM2GO», en la que poco antes de aterrizar, a los pasajeros se les ofrecen productos frescos que no se han consumido hasta ese momento como «bolsas de melangerie» a un precio reducido.

Reducción de Porciones y Menús Personalizados

Varias aerolíneas han implementado diversas estrategias para disminuir el desperdicio, como pueden ser la reducción en las porciones ó menús planificados con mayor anticipación. Encontramos compañías como Delta Air Lines, United Airlines, Air France, Cathay Pacific, entre muchas más que examinando la posibilidad  de optimizar recursos, ofrecen a los la posibilidad de  preseleccionar sus comidas antes del vuelo y asi optimar la cantidad de alimentos que se encuentran a bordo  y reduciendo la cantidad de productos en stock.

Colaboraciones y Donaciones

La Austrliana Qantas junto a la fundación OzHarvest, colabora mediante la donación de alimentos no perecederos a programas de desayunos escolares. Esta acción demuestra otra opción, doblemente beneficiosas donde, por un lado, las aerolíneas pueden reducir el desperdicio y tener un impacto positivo en la sociedad y por el otro, reducir la brecha alimentaria para las poblaciones más vulnerables y a su vez, contribuir a incrementar la seguridad alimentaria.

En conclusión, reducir la cantidad de desperdicio de alimentos a bordo, es un desafío complejo y multifacético. Teniendo en cuenta sus tres impactos: sociales, económicos y ambientales a nivel global, la pérdida de alimentos debe ser por lo menos un tema considerable para la industria de la aviación.  A pesar de estas iniciativas de muchas compañías, se debe buscar soluciones integrales y sostenibles en el tiempo que aborden a toda la industria.

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