¿CUÁNTO PIERDE AEROLÍNEAS ARGENTINAS EN CADA UNA DE SUS RUTAS?

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Cuando conviene es una empresa del Estado y cuando no, una empresa privada. Por ejemplo, para recibir -como este año- casi mil millones de dólares en subsidios en un año, por un lado, y por el otro no explicar como los emplea. Su presidente, Mariano Recalde, dijo hace unos días frente a periodistas españoles que el objetivo de la empresa no es la rentabilidad sino preservar el empleo, los sueldos de quienes allí trabajan -privilegio que no tiene el resto de los trabajadores argentinos- y la conectividad. Esta última parecería ser la palabra mágica a través de la cual se justificaron durante estos 4 años y medio, desde que el Estado se hizo de la administración de la empresa, más de U$S 3.324 millones en subsidios. ¿Pero si el objetivo último es la conectividad de los argentinos por qué se impide que otras aerolíneas ingresen al mercado o aumenten frecuencias y destinos? Quienes dirigen Aerolíneas Argentinas suelen argumentar que los subsidios son necesarios porque la empresa vuela, por aquello de la conectividad, a una docena de ciudades del interior a las que nadie quiere volar. Destinos donde las tarifas, justamente por la falta de competencia, son entre un 20 y un 60 por ciento más altas que a otros con distancias similares pero a donde vuelan otras empresas. ¿Pero es realmente allí donde están los desequilibrios de Aerolíneas o en aquellas rutas, por ejemplo las internacionales, donde abunda la competencia y argentinos y extranjeros que quieren venir al país tienen más de una opción? ¿No será que las únicas rentables son justamente aquellas a las que se suele recurrir para justificar los subsidios?

Hace mucho tiempo que Aviación News viene diciendo que las grandes pérdidas de Aerolíneas no están en el cabotaje sino, básicamente, en las rutas internacionales. Lo dicen los especialistas, aún aquellos que todavía quedan en Aerolíneas, que con una serie de datos disponibles en el mercado determinan la rentabilidad -o el quebranto- de cada ruta. Una radiografía que permite entender qué estamos subvencionando -aún aquellos que no viajan ni nunca van a viajar por este medio- cuando un pasajero se sube a un avión de Aerolíneas para ir a Calafate, Iguazú, Santiago del Estero o a las playas de Brasil, los shopping de Miami o las exóticas ciudades australianas.

Del trabajo se desprende que Aerolíneas tiene una pérdida operativa anual por volar a Madrid de 64 millones de dólares, 59 millones a Barcelona, 52 millones a Miami -donde acaba de duplicar la oferta-, 43 millones a Roma, 37 millones a Sydney, 35 millones a Río de Janeiro, 31 millones a San Pablo, 27 millones a Caracas, 21 millones a Bogota, 20 millones a México, 18 millones a Lima, 17 millones a Santiago de Chile, Bariloche y Mendoza, 15 millones a Salta y Río Gallegos, 13 millones a Iguazú, 12 millones a Ushuaia-Calafate, 11 millones a Comodoro Rivadavia, Río Grande y Santa Cruz de la Sierra, 9 millones a Tucumán, 7 millones a Córdoba, Asunción y San Juan y 5 millones a Neuquén. Sale en equilibrio volando a Santa Rosa y La Rioja y gana, alrededor de un millón de dólares en un año, a Catamarca, Posadas, Punta del Este, Santiago del Estero, San Luis, Formosa, Corrientes, Esquel, Santa Fe, Resistencia y Mar del Plata.

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