AEROLÍNEAS ARGENTINAS: GREMIOS ALERTAS

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Los gritos que salieron de Olivos cuando se conocieron los resultados de julio de Aerolíneas Argentinas llevaron a que dos de los ministros que suelen actuar como espadas mediáticas del gobierno salieran a confrontar con los medios pero no muy convencidos de lo que estaban haciendo y sin demasiados argumentos. Aníbal Fernández, Jefe de Gabinete, sostuvo que ninguna empresa en el mundo pasaba por un buen momento, en tanto que Julio De Vido prefirió apuntar a la gestión Marsans y a justificar la decisión de reestatizarla. Mariano Recalde, gerente general y presidente de Aerolíneas, fue quien cuestionó, aunque tampoco con argumentos muy convincentes, el rojo de U$S 78 millones para ese mes de alta -no de baja, como insinuaron- que había publicado La Nación. Lo que si hizo fue aceptar que esa cifra se manejaba en un “balance preliminar”, por lo que terminó por confirmar el origen de la información aunque no el número. Nada dijo tampoco sobre que ese monto correspondía a gastos de explotación y no a la compra de aviones, argumento que solía utilizar sin ponerse colorado Julio Alak, hoy nada menos que Ministro de Justicia, para justificar las pérdidas durante los primeros once meses de gestión estatal. Empujado por las circunstancias y el enojo K, Recalde salió a anticipar un programa de ajuste -razonable en muchos casos- que incluía en algunos puntos medidas que podían afectar a parte de los trabajadores, como reducción de horas extras o mudar el entrenamiento de los pilotos a Buenos Aires. ¿Se hará con simuladores de cartón? Pero el punto que más irritó a los gremios fue una circular dirigida a todos los empleados donde se los amenazaba con severas sanciones “a quienes obstaculicen la regularidad, puntualidad y correcta prestación de los servicios”. “Si tenía algo que decirnos, nos hubiera llamado y nos hubiéramos sentado a discutir cara a cara. No nos parece correcto que nos amenace públicamente”, fue el comentario de un piloto que decía interpretar la opinión de sus colegas. Ningún gremialista se opone públicamente a la medida aunque siempre apuntando a que la responsabilidad es de los otros. Algunos dirigentes gremiales, por lo bajo, admiten que dentro de unos días podrían comenzar los problemas. Será una dura prueba, sin duda, para el joven abogado laboralista, amigo de los sindicatos.

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