EDITORIAL: DESPUÉS DE LAS ELECCIONES, LO ELEMENTAL ES UNA POLÍTICA AÉREA

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Si bien es muy pronto para analizar desde el punto de vista de la aviación comercial las consecuencias que podrían acarrear los resultados electorales de este domingo en la Argentina (algunos políticos, como por ejemplo Pino Solanas, comienzan a pedir la cabeza de Ricardo Jaime y Julio De Vido, secretario de Transporte y ministro de Planificación Federal, respectivamente), no deja de abrirse, por lo menos para los referentes de la industria, una oportunidad para discutir una política aerocomercial para el país. Aquello de lo que carece la Argentina y que nos diferencia, hacia abajo, frente a nuestros vecinos del hemisferio. Una discusión que supere la elemental antinomia entre privada o estatal, y que analice por qué todas las empresas que sobrevolaban en el país en los ’90 -LAPA, Dinar, American Falcon, Southern Winds, Aero Vip, Aerolíneas, etc.- quebraron, por qué las que hoy vuelan son deficitarias o requieren subsidios, por qué hoy vuelan menos pasajeros internamente que hace 10 años, y por qué parece lo más natural del mundo -y hasta hay quienes lo justifican- que el conjunto de los argentinos solventen una empresa que demanda más de un millón de dólares diarios y no puede reequiparse si no es con fondos públicos, para que los argentinos tengan comunicación aérea. Un millón de dólares diarios, exactamente 1.746 millones de pesos desde que el Estado se hizo cargo, que aporta el conjunto de la población -aun aquellos que jamán van a subir a un avión-, para que sólo menos de un 6% de la población utilice el medio aéreo. A lo mejor, si no es mucho pedir, lo que los nuevos legisladores deberían discutir es más que una política aérea, una política del transporte que abarque a todos los medios, y los subsidios se coloquen allí donde deban estar. La oportunidad es ahora.

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