LA OPOSICIÓN DESCOLOCÓ AL OFICIALISMO

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En un claro ejemplo de que el Congreso ya no es simplemente la escribanía que protocoliza las decisiones del Poder Ejecutivo, el proyecto de reprivatización de Aerolíneas, anunciado con pompas y circunstancias por la Presidenta de la Nación el 21 de julio ante el aplauso de los gremios, no habrá de pasar desapercibido por voluntad de los miembros de la oposición y algunos del propio partido gobernante. La complicidad que el Poder Ejecutivo espera del Congreso para avalar hacerse cargo de la deuda de una empresa privada tendrá, sin duda, su costo político. Este martes Agustín Rossi trataba, ofreciendo cambios en el proyecto original, de alinear a los disidentes modificando artículos, buscando lograr dictamen en comisión para debatir el proyecto en el recinto este jueves. Las autoridades nacionales, otra vez mal asesoradas, pensaban que las alternativas para los legisladores iban a ser rechazar o aprobar la reestatización de Aerolíneas. La oposición contestó con una propuesta alternativa que consiste en crear una nueva empresa, no asumir las deudas y dejar que Marsans se haga cargo en concurso judicial de la vieja Aerolíneas. El eje de la discusión ahora ya no será entre aprobar o rechazar la propuesta del Poder Ejecutivo, sino entre una propuesta que supone “cargar al pueblo argentino con la deuda de una empresa privada y otra que busca dejar la misma a cargo de quienes la generaron”. Perder en este caso, para la oposición es simplemente dejarle al oficialismo el costo político -y la sospecha- de transferirle al pueblo una deuda que no generó. Y hasta es posible que, aún ganando, arrastre a Ricardo Jaime, uno de los funcionarios más cuestionados y denunciados de este Gobierno. El oficialismo vuelve otra vez a contar uno por uno los votos y hasta piensa en eliminar el punto 6 del acta, la que hablaba del regreso de capitales privados a la empresa, pensado para seducir a la oposición pero que ahora hace ruido en la tropa propia. “Se puso eso -dijo Ariel Basteiro a El Cronista- para evitar la crítica de algunos sectores, pero tomemos lo que el Gobierno hizo y no lo que dijo en casos similares como el Correo”. Las visitas del secretario de Transporte, los gremios y los directivos del Grupo Marsans esta semana al Congreso poco aportaron. En especial Jaime, que en su primera visita en cinco años a la Legislatura -lo que ya supone todo un cambio- no pudo aclarar por qué la Secretaría a su cargo jamás intervino en este proceso, o lo que es peor por qué convalidó balances cuando previamente habían sido rechazados. Es, sin duda, tiempo de revancha para Ricardo Cirielli.

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