AEROLÍNEAS ARGENTINAS (I): MAL COMIENZO, PEOR FINAL

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No fue un buen comienzo. Mucho menos un buen final para la administración saliente, donde Luis Malvido debió, en medio de insultos, recorrer el hall de Aeroparque acompañado por empleados de seguridad después de haber entregado la presidencia del Grupo Aerolíneas Argentinas a Pablo Ceriani. Es posible que algunos hayan sobreactuado la frase del nuevo gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, cuando en la jura de sus nuevos ministros les pidió “Quiero un Gabinete militante”. Un directivo que regresa, y que dijo no estar de acuerdo con los insultos hacia los que se iban, trató sin embargo de justificarlos argumentando que “no fue algo preparado, sino espontaneo”. No fue todo. Un documento que circuló ese mismo viernes invitaba a completar un formulario consignado nombre y cargo de “aquellos empleados que deberían irse ya de la empresa “por haber sostenido durante cuatro años el vaciamiento del gobierno del Pro”. Está claro, que nadie se hizo cargo de la iniciativa. Es probable que se trate también de una acción “espontánea”. Sin embargo los primeros trascendidos hablaban de despedir no solo a los cargos más altos, sobre los que podría decirse que llegaron, como en toda gestión, acompañando a la conducción saliente, sino también a la mayoría de los gerentes -en Aerolíneas son más de cien- muchos de ellos altamente capacitados que ingresaron en buena ley, por su curriculum o promovidos internamente. Se habla de unos 30 despidos aparte de los directores. Éstos recibieron el último lunes el telegrama de despido. El mismo día -trabajo para los abogados- que empezó a regir la doble indemnización. El resto solo firmaron una carta donde se les informaba que seguirán cobrando el sueldo pero no tendrán que ir a trabajar hasta que se defina su situación. Pareciera que algunos no entienden que una línea aérea no es un partido político ni un sindicato, batucadas mediante, como lo entiende el resto del mundo.