ANDES, LA CARA VISIBLE DE UNA CRISIS QUE INVOLUCRA A TODO EL SECTOR AEROCOMERCIAL ARGENTINO

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Este martes trascendió que Andes Líneas Aéreas tenía un atraso de tres meses en el pago de sueldos a su personal. No son tres, son dos por ahora, pero no cambia mucho la cuestión. Andes es la única aerolínea privada de capitales argentinos. Lleva más de 14 años en el mercado. Fue la primera que apostó por la “Revolución de los aviones”. La situación después de las sucesivas devaluaciones la llevaron a una situación difícil, no muy distinta al resto de las compañías. Salvo que estas, en mayor o menor medida, tienen algún respaldo internacional o fondo como para atravesar el temporal hasta ver que viene después. El caso de Aerolíneas Argentinas es distinto. Allí, aunque los disimulen, los subsidios siguen siendo ilimitados. Para el resto no hay créditos, descuentos, financiación, ni ayuda de ningún tipo. En Andes –lo han dicho– no tienen apoyo de nadie, excepto del personal y de los gremios que acompañan con la esperanza de atravesar el temporal. Quien no aparece, en cambio, es la autoridad aeronáutica que ni siquiera pareciera preocupada por rescatar lo positivo que aportó la apertura del mercado o respaldar a quienes creyeron e invirtieron frente a una propuesta bautizada “La Revolución de los aviones”. Un sector en el que, a diferencia de otros de la economía o el campo social, nadie se ha puesto al frente para definir políticas que ayuden a superar la crisis. Un Estado, por ejemplo, que convoque a las empresas para reimplantar, aunque sea hasta que afloje la turbulencia, la tarifa mínima para que no se venda por debajo de los costos para simplemente defender un punto de participación, generar algunas líneas de financiación, controlar donde se vuelcan los subsidios que recibe Aerolíneas o reducir de común acuerdo la oferta de asientos para sujetar costos y mejorar ingresos. Es cierto que deberían ser las mismas empresas las que se pongan de acuerdo. Pero alguien lo tiene que liderar. Medidas transitorias, se entiende, que eviten terminar como otras veces en un monopolio estatal, ineficiente y subsidiado, o en un duopolio de una empresa estatal y una sola privada. “Dietrich, teléfono”.