MAL DÍA PARA VOLAR

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¿Mala suerte? ¿Sabotaje? ¿Error humano? ¿Fallas técnicas? ¿Quite de colaboración? Es probable que todos los astros se hayan alineado este domingo para hacerle la vida imposible a los 340 pasajeros -308 en económica y 32 en business- del vuelo AR 1134 con un B747-400 con destino a Madrid. Primero una falla técnica del APU impidió poner en marcha los motores. Hubo que recurrir a un generador de tierra. Un problema técnico hacía que las luces se prendieran y apagaran. Veintisiete pasajeros, por miedo, pidieron bajarse. Hubo que buscar entre las miles de valijas en la bodega su equipaje. Sin energía, el calor era insoportable. Un piloto olvidó entregar el manifiesto de vuelo. Un tripulante abrió una puerta pero sin desactivar el tobogán que se extendió en forma automática. Ponerlo en su lugar demanda muchas horas. La tripulación se vencía por la demora. Había que buscar otra. Un piloto de guardia estaba indispuesto. Había que encontrar otro. No había otro avión similar disponible (solo cuentan con dos en operaciones, el otro estaba viniendo desde Madrid). Había un menor no acompañado entre el pasaje. Finalmente el vuelo despegó con 23 horas de demora. El presidente de Aerolíneas, el secretario de Transporte y el ministro de Planificación pusieron en marcha una comisión investigadora interna para establecer responsables. «No tolerarán -dice un cable de Telam- acciones que por negligencia, impericia o mala fe, atenten contra el buen servicio de la compañía», mientras ordenaban acciones sumarísimas para los responsables. Desde el gobierno necesitan que algunas cabezas -ya hay un sancionado- comiencen a rodar como mensaje hacia la opinión pública. Internamente sospechan de la interna entre pilotos y mecánicos. Dicen que la discusión entre Mariano Recalde, gerente general, y Jorge Pérez Tamayo, presidente de APLA, fue particularmente dura. El miércoles a la tarde los directivos de APLA convocaron a los pilotos a la sede del gremio para infomarlos sobre la crisis. Una sola cosa es segura. No había nadie que respondiera ante la prensa. La empresa no cuenta -y no desde ahora- con una oficina capaz de enfrentar y encauzar la comunicación frente a un imprevisto operativo. Algo que hace a la esencia de cualquier línea aérea.