DESPIDIÓ AEROLÍNEAS A 25 PILOTOS QUE DESOBEDECIERON A LA CONDUCCIÓN DE APLA

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Con el despido de los últimos 25 pilotos que quedaban, Mariano Recalde, presidente y gerente general de Aerolíneas Argentinas y Austral, cerró una de las páginas más negras del sindicalismo argentino. La historia se inició a fines de 2006, en época de Antonio Mata, cuando un grupo de pilotos no adhirió a una huelga decretada por el gremio y luego firmaron una solicitada repudiando un acto de agresión de un comandante a un particular durante una manifestación callejera. A unos 68 pilotos que no se plegaron al paro y firmaron la solicitada, muchos de ellos de larga trayectoria en la compañía, la empresa dejó de programarlos por presión de los dirigentes de APLA. El gerente general entonces era Esteban Maccari, quien intentaba de esta manera consensuar con el gremio. De ese grupo, algunos se fueron con un retiro acordado pero pronto iniciaron un juicio por la diferencia cuando el siguiente gerente general de la era Marsans -Enrique Meliá- reconoció por escrito ante la Justicia que habían sido echados por presión del gremio, en tanto que otros permanecieron en la empresa cobrando sus sueldos pero sin volar. También desobedeció la empresa una resolución de un juez cuando ordenó restituir en sus funciones a un piloto. El gremio amenazó entonces con un paro y el secretario de Transporte, Ricardo Jaime, llegó al extremo de ordenar por escrito al presidente de la compañía, Horacio Fargosi, que desobedeciera el fallo del juez. Ahora, los 25 que seguían en la empresa sin volar fueron despedidos. La empresa venía pagando una multa mensualmente por no acatar una orden de la Justicia que la obligaba a programarlos. Ex directivos de la compañía estiman que estos juicios le insumirán a la empresa entre 20 a 26 millones de dólares.