AEROLÍNEAS ARGENTINAS Y LA HISTORIA DE UN ACTA ACUERDO

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Lo que prometía ser un viaje triunfal terminó por convertirse en un paseo por el infierno por culpa de un Acta Acuerdo o, como algunos prefieren llamarlo, boleto de compraventa. Un documento que los legisladores prefirieron ignorar para poder sacar la ley que el Ejecutivo les pedía, pero que en el fondo reconocen que la misma no sólo existe sino que además promete convertirse en un verdadero dolor de cabeza a corto plazo. Muchos se preguntaban estos días por qué, de buenas a primeras, Ricardo Jaime y su jefe, Julio De Vido, decidieron firmar este compromiso que confirma que la operación de Aerolíneas y Austral no es otra cosa que la compra por parte del Estado de las acciones de ambas empresas a sus verdaderos dueños. La historia del Acta Acuerdo, reconstruida sobre la base tanto de fuentes oficiales como de la empresa, parecería ser la siguiente. Sin posibilidades de recurrir al Estado español -que entendía haberse desentendido para siempre de Aerolíneas Argentinas- y convencidos de que tanto el gobierno de los Kirchner como los gremios no iban a abandonar sus pretensiones de «recuperar» la empresa para el Estado argentino, los directivos del Grupo Marsans terminaron por aceptar la entrega de la empresa. «Nos hemos visto obligados a vender», repetía Vicente Muñoz, director financiero del grupo por estos días. Ante esta evidencia los empresarios españoles dejaron de aportar fondos frescos para el sostenimiento de la compañía -en realidad no fueron muchos los que acercaron-, por lo que la situación operativa e institucional se deterioraba día a día. Ante esta realidad, empresa y Secretaría de Transporte comenzaron a trabajar para ver cómo hacer el traspaso.
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